
"El corazón de las tinieblas" es un relato de Joseph Conrad, que en el cine adapto Francis Ford Copola en la cinta Apocalipsis Now,
nos muestra un viaje perturbador hacia el interior del continente africano; un viaje en el que el salvajismo del paisaje, así como el de los nativos, rivaliza con el barbarismo de los colonizadores y lo que es mas perturbador, aquel estrato de salvajismo dentro de cada uno de nosotros, aquel que nos impulsa a seguir el llamado de los tambores en medio de la oscuridad, ese impulso primordial que nos quiere apartar de la civilización y abandonarse a los instintos.
Marlow, quien siempre ha sentido curiosidad por aquellas regiones que en los mapas aparecen en blanco al final del siglo XIX, encuentra la oportunidad de conocer una de esas áreas cuando obtiene el puesto de capitán de un vapor que navega por el río Congo. Poco después de emprender el viaje a su nuevo trabajo va percatándose que las cosas nos son como se las había imaginado.
Rodeando sus costas, atestigua la imperturbable majestuosidad y despiadada crueldad de la selva africana; como la vida humana, tanto de aborígenes como de exploradores, es apenas un costo más en las cuentas de una libreta contable de la compañía explotadora de marfil; situaciones absurdas y contradictorias de las que es testigo en el largo viaje hasta encontrarse con su navío: un viejo barco hundido en medio del río. En los meses que pasan mientras repara la chatarra flotante con la que enfrentara el río va escuchando noticias y relatos acerca del mejor comerciante de marfil en tierras adentro llamado Kurtz. Los demás comerciantes hablan de él con envidia, desprecio y temor, lo cual le gana a Marlow su simpatía pues desprecia a aquellos que hablan tan mal de un hombre que poco a poco va adquiriendo en su imaginación la dimensión de héroe.
Emprende por fin el viaje emocionado con la idea de por fin conocer y sobre todo escuchar a Kurtz, ese hombre extraordinario que por si mismo ha logrado obtener mas marfil que todos sus competidores juntos, que sostiene sus propias ideas sobre la colonización del continente, que ademas de mostrar una valentía extraordinaria y audacia en los negocios, tiene la sensibilidad de un artista; que por alguna extraña razón se ha visto obligado a permanecer en su factoría, en lo más profundo de la selva.
Conforme avanzan por las traicioneras aguas del río Congo Marlow y sus pasajeros se percatan del aprieto en el que se van metiendo. La selva omnipresente siempre los vigila con amenazas ocultas, una tripulación fiel y trabajadora pero que conforme las raciones van escaseando dejan ver su naturaleza caníbal, la cual queda de manifiesto en un episodio: se escucha un grito desgarrador en medio de la noche cuando el vapor avanza lentamente cerca de la orilla. El jefe de sus tripulantes se acerca a Marlow para pedirle permiso de buscar al desdichado que grito, ¿Para qué? Pregunta, la obvia respuesta es "para comerlo".
La expedición se acerca a su destino y solo Marlow se percata del peligro en el que se encuentran, pues sus pasajeros europeos aún parecen muy confiados de su superioridad, cosa que cambia cuando son atacados por los aborígenes desde la espesura, perdiendo al timonel de la embarcación.
Dando por muerto a Kurtz llegan por fin a la factoría donde se encuentran a un joven explorador ruso quien dice ser el único amigo de Kurtz y quien los apresura a llegar con él, pues se encuentra gravemente enfermo.
Los europeos emprenden camino a la factoría donde hay una impresionante cantidad de marfil y donde reposa de su enfermedad Kurtz. Esperando en el barco, Marlow tiene una conversación con el joven ruso que le aclara muchas interrogantes pero le provoca gran perturbación. Kurtz se ha erigido como dueño de todas esas tierras y los aborígenes lo veneran como un monarca; ha conquistado todas las tribus al rededor y estas le pagan tributo con marfil; al asumir el papel de caudillo Kurtz ha sobrepasado los limites de lo que puede considerarse civilizado dando rienda suelta a un oscuro liderazgo carente de moral. La conducta contradictoria de Kurtz queda de manifiesto en la admiración que manifiesta el ruso hacia él a pesar de que también ha sido victima de sus abusos, como cuando tuvo que entregarle todo su marfil a punta de pistola.
En esta tierra Kurtz es soberano pero a la vez es prisionero, pues a pesar de intentarlo varias veces, no le ha sido posible regresar a la civilización, no puede renunciar a aquello que ha logrado aunque la vida se le va en ello. El ruso hace otra confesión: Kurtz ordeno el ataque al barco pues no quiere ser salvado por ellos; pero debe ser salvado dice el ruso y le pide a marlow cuidar de él, pues sera su único amigo.
La expedición a la factoría regresa con Kurtz postrado por la enfermedad. Una enorme multitud aparece de la selva rodeándolos, tratando de evitar que su caudillo se vaya. Lo que pudo ser una carnicería es detenida por el mismo Kurtz, quien da la orden de retirarse a los aborígenes.
Antes de emprender el viaje de regreso Marlow tiene que frustrar el ultimo intento de Kurtz por huir.
Aunque no es exactamente lo que se imaginaba de aquel hombre Marlow se toma en serio su papel de amigo y protector de Kurtz, quien le confía sus diarios, cartas y pensamientos: hasta el último momento insiste en la importancia de su misión, de todos los proyectos que deja inconclusos.
A continuación el relato nos muestra el oscuro final de kurtz y sus enigmáticas últimas palabras, no sabemos que tan lucido o delirante se encuentra antes de expirar: "El horror, el horror".
Marlow casi comparte ese destino al enfermar y tener una larga convalecencia.
Como último episodio Marlow narra su encuentro con la prometida de Kurtz varios meses después, lo hace como parte de su deber y porque aún le obsesiona la naturaleza contradictoria de Kurtz, espera que ella le pueda aclarar su verdadera naturaleza. Conmueve la fidelidad de la mujer, sabiendo que en realidad su prometido la había olvidado. Consciente de ello Marlow le cuenta mentiras piadosas, le dice que sus últimas palabras fueron su nombre. Al escucharlo llora ella exclamando "Lo sabía, lo sabía". Marlow calla la verdad, pues es "demasiado oscura para contarse".
La lectura de "El corazón de las tinieblas" me ha dejado un extraño deja-vu, la sensación de que algo parecido he visto días antes. La imagen del líder enfermo, claramente desahuciado, que se aferra al poder a toda costa, lo he visto en televisión meses atrás, en el drama venezolano de su presidente enfermo pero siempre sonriente, como si pudiera burlarse de la muerte, pero al final la lucha es perdida.
También he visto antes las hordas de aborígenes fanatizados siguiendo a su caudillo, en las manifestaciones con motivo de los funerales del mismo presidente. Incluso es lugar común la mezquindad de los que se reparten el marfil de Kurtz como aquellos que ahora detentan el poder en el país sudamericano.
Quizá piensen que todos estos comentarios no tiene nada que ver con la obra en cuestión, por el contrario pienso que ejemplifican claramente la profunda visión de la naturaleza humana que podemos encontrar en "el corazón de las tinieblas" una metáfora del poder, su capacidad corruptora, su irresistible encanto, la contradictoria naturaleza del líder mesiánico: amado y odiado por igual, con justas razones.
Así que no se engañen, esta no es una simple historia de aventuras, es acerca de las obsesiones, del bien y del mal y del camino, no necesariamente en la selva, que nos lleva a lo mas oscuro de nosotros mismos, donde si tenemos el valor suficiente podremos exclamar: El horror, el horror.
Comentarios