
Hace
mucho que no soñaba, Marco Antonio sueña que un doctor de bata blanca y lentes lo observa; con un
techo que se mueve, lámparas fluorescentes que pasan frente a sus ojos. Sueña con una ciudad que no conoce y la
recorre en automóvil; que esta en casa, listo para salir a la fiesta de
graduación. Algo le pica en el brazo y
despierta. Reconoce a Helena su madre,
le esta inyectando; retira la aguja y coloca un algodón en la articulación del
codo, levanta la vista y le sonríe.
― Hola mi vida ¿Cómo te sientes? ― Marco
Antonio esta confundido, tan débil que no puede moverse y no puede recordar
porque esta así.
― Estoy bien. ― Responde. Helena lo levantas hasta dejarlo sentado en
la cama, recargando su espalda con numerosas almohadas contra la pared.
Marco Antonio se ve las piernas, largas y
flacas, muy blancas.
― ¿Qué paso? ― Pregunta con angustia. Ella le dice tranquilamente.
― Te caíste de una moto. ― Sin agregar nada se
dirige a una pequeña cocina del otro lado de la habitación. Marco Antonio se da cuenta que no se
encuentran en la casa. Este es un
pequeño departamento de una habitación. Las ventanas están cubiertas con
cortinas pero se adivina que es de noche.
― Te prepare tu comida favorita. ― Dice su
madre con un extraño tono de voz; coloca una mesita de cama sobre sus piernas y
le sirve una cena. Miran una película en
una laptop mientras comen juntos. De algún lugar llega el sonido de un trueno lo que hace que ella voltee alarmada hacia la
ventana; recupera su control y pregunta con una sonrisa:
― ¿Quieres helado? ― Helena sirve dos
platitos, voltea cuando Marco Antonio lanza una exclamación: se ha llevado la
mano al mentón.
― ¡Tengo Barba! ― Se sienta a su lado; le pone
en las manos el helado.
― Han pasado años hijo; quedaste en coma por
el accidente, seguiste creciendo.
― Entonces todo ha cambiado, ¡ya soy adulto! ―
Helena lo sostiene de la cabeza, igual que cuando era niño. La luz de la habitación se apaga al tiempo
que se escucha un tremor y el suelo se agita.
― ¿Qué esta pasando? ― Pregunta Marco Antonio
sintiendo el temor de su madre.
― Es el apocalipsis, Dios ha despertado y al
mundo le esta dando fin. ―
Marco Antonio sabe que debería estar aterrado,
pero la somnolencia lo va invadiendo, como si todo esto no fuera más que un mal
sueño.
― ¿Dónde esta papá? ¿Mis hermanos? ―
― Se fueron, hijo mío, solo quedamos tu y yo. ―
Marco Antonio siente las lagrimas de su madre mojarle la frente.
― Tengo mucho sueño mamá. ―
― Esta pasando el efecto de la inyección, el
Doctor dijo que despertarías un rato;
yo… solo quería hablar contigo una vez más.
Por la cortina atraviesa la luz de relámpagos
y regresa el temblor. Marco Antonio hace un esfuerzo por mantenerse despierto.
― Dime Mamá ¿Fui a la fiesta de graduación? ―
― Claro que si, mi vida, te compramos un traje
nuevo con el que te veías muy guapo. Te llevamos a la casa de esa niña… ¿Cómo
se llamaba?
― Irene ― Responde en un susurro.
― Si, Renne, fueron juntos a la fiesta, hubo
mucha comida, música, bailaron y nunca te vi tan feliz.
Marco Antonio cierra los ojos, mientras afuera
los truenos retumban como pasos de gigante y el viento gime como la trompeta
del ángel exterminador.
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