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Mostrando entradas de febrero, 2011

NINGUNO DE LOS DOS CREÍA EN EL AMOR

El estaba preocupado por el trabajo; todo el tiempo con los minutos contados para atender a sus clientes, cargando una pesada agenda llena de citas.Ella no se preocupaba por nadie; vivió atada a sus padres hasta que murieron, siempre les guardo rencor por todo lo que no pudo hacer.Ambos viajaban en el Metro un viernes en un vagón repleto de gente, llegaron a la estación Zócalo.El estaba retrazado, miraba el reloj con ansiedad.Ella no tenía a donde ir o que hacer, su mirada se perdía en la contemplación del todo y de la nada.A él no le interesaba relacionarse con nadie, un compromiso no entraba dentro de sus prioridades.Lo que ella menos deseaba era atarse a otra persona, apenas conocía su libertad y la quería demasiado como para perderla otra vez.Ninguno de los dos creía en el amor, y mucho menos en el amor a primera vista. Pero cuando sus miradas se cruzaron, las cosas en las que creían cambiaron. Por un momento, él se pregunto si cultivar un sentimiento, atesorar el amor y el cariño…

EN LA CASA DE LA TIA

Los padres de Miguel lo recogen después de la escuela; traen una maleta con su ropa. Lo dejan en casa de su tía Teresa, donde pasará una semana mientras salen de la ciudad.Es una casa en las orillas de la ciudad, aún inconclusa en su segundo piso, rodeada por una huerta y un amplio terreno baldío que le da un aire campestre.Minutos después de llegar Miguel, aún con el uniforme escolar, ya corre detrás de Sergio, el hijo de su prima Paty.Con la guía de Sergio, Miguel recorrelos rincones de la casa y el terreno que le rodea; poniendo especial atención a aquellos que los niños buscan como escondite.El preferido de Sergio es un cuarto al fondo del terreno; esta cerrado con candado, pero los niños penetran por una ventana rota. Adentro hay pilas de periódico y revistas viejas, ropa usada y demás chucherías.Sergio muestra una revista a Miguel: - Mira. - Este se ruboriza y aparta los ojos.- Anda, mírala bien.Miguel abre la revista amarillenta y retorcida, (quien sabe en cuantos lugares habrá…