domingo, 19 de enero de 2014

ENTROPÍA


Lucio se sirve una copa una copa de Oporto. Se sienta en su sillón y espera. Enciende un habano, del cual se desprende gruesas hebras de humo que son absorbidas por el tubo de ventilación mas cercano.  Resopla al mirar el cronometro sobre la puerta de la habitación: todavía faltan unos minutos. Mira a Simón: sentado en su sillón, leyendo un libro.
Al sentirse observado levanta la vista, baja sus gafas de lectura y dice: “No tarda en llegar”.
Lucio da un trago a su Oporto y vuelve a  mirar el cronometro.
¿Por qué conserva todos esos libros? Se pregunta después de un rato; voltea a mirar a Simón de nuevo, lo ve rodeado de ellos, amorosamente acomodados en estantes sobre tres de las paredes de la habitación. Piensa que es una especie de fetichismo el mantener tantos ejemplares, sobre todo si puede consultarlos de la base de datos.
Otro trago y otro vistazo al cronometro: la espera le parece una eternidad, en cierta forma lo es.  Nuevamente divaga respecto a él y su obligado compañero: siempre se considero a si mismo dentro del equipo como el hombre de acción, el dinámico, el pragmático. En cambio Simón es el intelectual, el formal, el idealista.   
Una sonrisa se dibuja en los labios de Lucio arrugando su viejo rostro.
― ¿Y esa risa? ― Pregunta Simón sin levantar siquiera su vista del texto que lee.
― No es nada. ― Responde Lucio: Tan solo recordaba los tiempos en que sus opiniones chocaban constantemente y como en tantas ocasiones pasaron largas temporadas sin cruzar palabra.  Poco a poco la sonrisa se diluye mientras sigue recordando: todos aquellos acuerdos absurdos que tomaron antes de llegar a un verdadero entendimiento. Y ahora, el silencio es lo común nuevamente, y en esta ocasión debido a que ambos se conocen demasiado bien. Es verdad, los últimos años han sido los mas aburridos de toda su vida. Para este momento la expresión de Lucio se ha convertido en un gesto de  hartazgo, dejando caer el labio inferior a la vez que su vista cansada se pierde en la nada.
El cronometro llega a ceros. Simón dice: “Nuestro joven Adán esta por llegar”
Lucio da un profundo suspiro y recompone su postura. Aunque a estas alturas ya no signifique nada, se ha vestido con su uniforme de gala.
En el fondo del pasillo se escucha una compuerta metálica abrirse y cerrarse.
― Ven por favor. ― dice Simón con voz amable. En cierta forma su papel protagónico  se justifica por ser el operador de “la maquina”, pero eso no serviría de nada si Lucio no hubiera puesto su parte para llevar a cabo el plan. Por lo cual Lucio se siente en igualdad de condiciones.
Por la puerta entra un joven de cabello rizado, con uniforme de faena, con la apariencia de recién  haber tomado una ducha; Sus ojos denotan inocencia y sorpresa.
― Toma asiento. ― Le indica simón;  deja su libro y sirve dos copas de Vino. Le da una al muchacho asustado.
― ¿Dónde estoy? ― Pregunta tímidamente.
― Estamos en un lugar entre el cielo y el infierno, ― dice Simón; agrega después de tomar de su copa: ―  y no es la tierra.
Otra vez con metáforas, piensa con fastidio Lucio.
― Estamos a bordo de la nave Akira,varados.
― Efectivamente, ― agrega Simón, molesto por la interrupción de Lucio; ― somos los últimos tripulantes
― Akira; nave de exploración hiperlumínica. ― Recita el muchacho ante su propia sorpresa.
― Se te ha programado con toda la información que necesitas, poco a poco la irás recordando.
― Pero dejemos ese asunto para el final, ― Dice tajante Simón, ― es natural que te sientas confundido. Mi nombre es Simón y el de mi compañero es Lucio.
― Simón Cheng, teniente, oficial de aprovisionamiento, nacido el 4 de Octubre de 3564 en el carguero Shangai en el trayecto entre Marte y Ganímedes. ― Volteando hacia Lucio inicia: ― Lucio Po González...
― Basta, sé muy bien quien soy. ―Le interrumpe.
― Lo mas importante es el porqué estas aquí muchacho.
― Mi nombre es Dione.
― De acuerdo Dione, lo importante es que tienes que tomar una decisión y entre mas pronto mejor.
 Como te hemos dicho nos encontramos varados: La nave se encuentra en órbita alrededor de un agujero negro; entre la ergosfera y el horizonte de eventos. Estamos cayendo, pero debido a la intensa gravedad el tiempo se ha dilatado: Según el cronometro de la nave han pasado quince años, pero en el exterior deben haber trascurrido eones.
Dione palidece y da un súbito trago a su bebida.
Lo importante es que existe una forma de salir: una cápsula con motor hiperlumínico, para un solo tripulante. Lo que tienes que decidir es si tomas esa cápsula para salir o te quedas aquí para acompañar a estos viejos.
― ¿Pero a donde iría yo?
― En la cápsula puedes recorrer media galaxia sin problema, confiamos en que encuentres un planeta habitable; de todo lo demás no te preocupes te lo explicaremos al final.
― ¿Entonces porque no se han ido ustedes?
Simón enmudece, lanza un profundo suspiro. Lucio se sonríe ante el tropiezo de su compañero, interviene:
― Mira muchacho, nosotros dos estamos demasiado viejos para andar colonizando mundos; nuestra mayor diversión en todo este tiempo ha sido el discutir una y otra vez, de manera que puedo decirte con certeza que es lo que esta pensando este viejo decrépito, y él también me conoce hasta la médula. El tener siquiera otra voz que se escuche en este cascaron significaría  tal alivio que no te lo puedes imaginar; sin embargo no podemos dejar de darte la libertad de escoger tu destino. Así que tu decides muchacho.
Dione  reflexiona un largo rato.
― Si me voy entonces estaré solo allá fuera.
― Te dijimos que no te preocupes por eso.
― Y ustedes, se quedarían solos también.
― De nosotros ni siquiera lo pienses; cuando des tu último suspiro, rodeado de hijos, nietos y esposas; nosotros seguiremos aquí sentados, todavía no habremos terminado nuestras copas.
Lo piensa otro momento antes de decir: ― Lo intentare, me voy.
Lucio y Simón se ven entre si, todo lo que tienen que decir lo leen en sus miradas.
Bien muchacho, antes de que te vayas te voy a  explicar algo de suma importancia. ― Simón se pone de pie y adopta una pose erudita. ― Aquí en el Akira tenemos una máquina llamada materializador, la cual requiere de grandes cantidades de energía; esta máquina nos proporciona todo lo que necesitamos, tiene una base de datos con casi todo lo que existía en nuestros tiempos. En tu cápsula hay otro materializador y una fuente de energía casi ilimitada. Con unas pocas instrucciones mías podrás operarla.
― Eso significa que vengo de esa maquina, ¿verdad?
― Utilizamos el modelo de un tripulante de la nave, y te programamos con toda la información que puedas necesitar.  En la base de datos están los modelos de mas de quince mil hombres y mujeres, física y psicológicamente; además de todas las especies animales y vegetales conocidas. Acompáñame a la cápsula y te mostrare los controles.
Antes de irse, Dione se despide de Lucio con una reverencia. Este inclina levemente la cabeza a su vez.
Escucha su voz en el fondo del pasillo y las especificas indicaciones de Simón; no se levanta de su sillón pues aún tiene la esperanza de que se arrepienta a última hora. Pero el sonido de la escotilla y el desacoplamiento de la cápsula le indican que no hay vuelta atrás.
Desde un monitor observa el vehículo alejarse y desaparecer de su vista a gran velocidad. La cápsula ha salido de la singularidad y les es imposible rastrearla.
Simón regresa al salón y se vuelve a colocar en su lugar habitual. No toma ningún libro, tan solo se lleva a los labios una de las patas de sus anteojos.
― Hubiera apostado que el muchacho se quedaría; ― comenta Lucio, ― digo, habiendo conocido al verdadero Dione.
― Era tan verdadero como cualquiera; incluso el cocinero de una nave espacial debe tener espíritu de aventura.
― Espero que le halla ido bien, supongo que en estos momentos habrán pasado cinco generaciones. A propósito, ¿Cuándo tendrás la siguiente cápsula?
― En veinte días, pero en esta ocasión a mi me toca escoger al tripulante.
― ¿Uno que quiera quedarse?  Deberíamos olvidarnos de eso, ¿Cuántos se han ido?
― Al menos uno decidió quedarse.
― ¿ Que quieres decir? Yo fui el que te materializo.
― ¿Tu? Pero si no sabes utilizar la maquina.
― Por eso necesitaba al oficial de aprovisionamiento.

Y así prosiguió la única discusión en la que nunca se habían puesto de acuerdo: Quien creo a quien.

sábado, 5 de octubre de 2013

LA ESPOSA DEL ACROBATA

El circo ya no es lo que era, piensa Esther mientras zurce las mallas de su esposo; sentada en el estribo de la puerta corrediza de la combi 75 que es su hogar. La función esta por comenzar y Ernesto hace sus ejercicios de calentamiento.
Durante la función anterior las mallas blancas de su esposo se rompieron en la entrepierna, mientras brincaba entre aros encendidos. El muy bruto no se los dio antes porque se emborracho hasta vomitar después de la función.
Esther no sabe porque sigue amando a ese  hombre: borracho, mujeriego y que cada año pierde habilidad y aumenta de peso. Es un hecho que Ernesto no quiere aceptar, esta llegando a la edad del retiro, después no saben que hará.
Dando piruetas Ernesto se acerca para recoger sus mallas, impúdicamente se desnuda y se viste a los cuatro vientos en unos instantes. Le da un beso a Esther y se aleja rumbo a la carpa raída instalada en el camellón de una avenida.
Esther no ve el acto de Ernesto, no soportaría verlo caer del trapecio.
 ― ¿Cómo estuvo la función? ― Pregunta al regresar Ernesto.
― Estuvo bien, ahora vente.

Se suben Ernesto y Esther a la combi 75 y follan toda la noche. Mientras las luces del circo se apagan y la avenida queda desierta.

jueves, 26 de septiembre de 2013

CONSEJO

Mientras medita, Libodio recibe la visita de su padre, muerto
mucho tiempo atrás.
La imagen ectoplásmica del anciano flota cerca del techo de la habitación.
― Vengo a darte consejo en estos momentos de angustia, hijo mío. Solo escucha y no digas una palabra.
Antes de  poder pensarlo, como un reflejo instantáneo, Libodio replica retador.
― Pero ¿Porqué?
El espectro paterno arde como las llamas de la ira.
―¿ Lo vez ?  Nunca me escuchas y haces lo contrario a lo que te digo. ¡Encuentra las respuestas tu mismo!
La aparición se desvanece en el aire dejando la habitación en una profunda oscuridad.
Desde entonces Libodio pasa las noches en vela, invocando al espíritu de su padre, esperando que alguna vez este regrese para darle su orientación.


domingo, 8 de septiembre de 2013

CUENTO ROSA

Por fin vacaciones, el anhelo al final de un día de trabajo agotador, el pretexto más agradable para ahorrar las quincenas; la oportunidad que Catalina esperaba para cambiar sus perspectivas.
Son sus primeras vacaciones sin esposo; le acompaña su hijo Guillermo.  En casi diez años de matrimonio en contadas ocasiones salieron, a lugares que él escogía y que a ella le resultaban tan tediosos. Recuperada su libertad, ahora puede elegir a donde ir y que hacer.
En la terraza de su cuarto siente la brisa marina, le revuelve el cabello y hace ondular su ligero vestido. La vista de la bahía fascina a Catalina, el mar azul, las doradas playas, las espumosas olas; aspira el aroma del mar con un profundo suspiro y se convence ella misma que se encuentra allí.
Sobre la cama están las maletas, aún sin desempacar, Catalina se ocupa en sacar el equipaje. Guillermo entra corriendo desde el cuarto contiguo, vistiendo su traje de baño.
― ¿Ya podemos ir a la alberca Mami?
Catalina toma en los brazos a su pequeño hijo, le da vueltas riendo y se tira en la cama.
― No seas tan apresurado, primero tenemos que guardar la ropa.
― Ya quiero ir.
― Vamos a tener mucho tiempo para estar en la alberca, y también en la playa, no te desesperes.
Se levanta y abre las Maletas.
― Vamos, ayúdame con esto.

La gente se reúne alrededor de la piscina del hotel; mujeres en bikini, muchachos ardientes que corren, saltan y revolotean alrededor de ellas, familias que pasan unos buenos ratos juntos, y también los solitarios, que quizá esperen que el amor los encuentre bajo los rayos del sol.
Guillermo chapotea en la orilla de la piscina, con sus flotadores en cada brazo, practica las zambullidas salpicando a los bañistas de alrededor. Todo el tiempo bajo la atenta mirada de su madre, quien reposa lánguidamente en un catre cercano.
El niño sumerge la cabeza y cuenta bajo el agua, llega hasta veinte, todo un record para él; se asoma hacia afuera para anunciar su hazaña a su madre; se da cuenta de que ya no le pone atención. Un hombre la acompaña, acuclillado junto a su catre.
Su nombre es Omar; a Catalina le parece de lo más simpático; se acerco con cualquier pretexto, recogió una pelota que cayó cerca, ella sabe que la lanzo con toda intención, entonces la plática surgió espontáneamente.
― ¿En que trabajas?- pregunta él.
― Soy Administradora de Recursos Humanos, y empeño mi alma en una oficina todos los días de ocho a cinco.
― ¿Te molesta hablar del trabajo en vacaciones?
― No te preocupes, así puedo pensar en lo que estaría haciendo allá, y estirarme sin preocupaciones, porque será otro a quien los problemas le quiten el sueño.
Se miran los dos a los ojos y surgen las sonrisas.
― ¿Entonces vienes solo? ― Pregunta Catalina.
― Venimos un grupo de amigos, tu sabes; un día alguien tiene la idea de reventársela en la playa y un rato después todos se alistan para venir.
Un chiquillo con flotadores azules y escurriendo agua se interpone entre los dos, sentándose al regazo de Catalina.
― Memito, ya me mojaste, sécate con la toalla.
― ¿Es tu hijo? ― Pregunta Omar viendo como Guillermo lo mira de modo agresivo.
Un silbido desde el otro lado de la alberca hace que Omar volteé.
― Me están llamando, ¿podré verte después?
― Claro, estamos hospedados en este hotel.
― Entonces nos veremos luego, chao.
Catalina toma una toalla para secarse ella y Guillermo, de reojo mira a Omar.
― ¿Ya vez lo que haces? ― Le reprocha a su hijo sacudiéndole el cabello con algo de rudeza; el niño tan solo sigue viendo, hostil, a Omar alejándose.

En la tarde Catalina y Guillermo almuerzan en el restaurante del hotel. Ella no se decide a ordenar, repasa la carta una y otra vez con la mano en la barbilla.
― Te recomiendo la parrillada de mariscos. ― Dice una voz detrás de ella; voltea para encontrar al sonriente Omar.
― Hola, ¿como has estado? ¿Quieres acompañarnos?
Guillermo mueve la cabeza negativamente, tratando de llamar la atención de su madre, moviendo los labios sin hablar, diciendo: no, no, no.
― Será un placer, con tan distinguida compañía.
― Mi papá es muy fuerte y grandote, y tiene muy mal humor. ― Dice Guillermo a Omar nomás este se ha sentado.
― ¡Memito!, ¡por favor! ―Le reprende Catalina.
― ¿Tu papá? ¿Tu esposo? ―pregunta Omar.
― Estamos divorciados - Aclara Catalina; en el rostro de Omar se refleja su alivio.
La conversación trascurre sucesivamente de la vida de ella a la de él. Catalina le cuenta a Omar como su esposo se opuso a que reanudara sus estudios universitarios y como la amenazo: "la escuela o yo".
― La escuela gano, ¿verdad?
― Pues si, no me arrepiento, pero si fue duro tomar la decisión, tu sabes, por los pequeños grandes detalles.
Omar asiente y voltea a ver a Guillermo, que se entretiene sacando los chíncharos del guisado.
― Comete toda la verdura. ― Le ordena Catalina, y el niño obedece.
Omar cuenta como siguiendo los deseos de su familia estudio ingeniería, y como al cabo de varios semestres de frustraciones e indecisión opto por seguir su vocación, el dibujo; ahora es diseñador gráfico.
― Mi papá es abogado y sabe como meter a la gente a la cárcel. ― Interviene amenazante Guillermo una vez más.

― ¿Tienes planes para más tarde? los cuates y yo vamos a ir a la laguna, podrías venir con nosotros.
― Mamá me prometiste que me llevarías. ― Replica Guillermo sin darle tiempo de responder a Catalina.
― Lo siento Omar, pero le dije a Memito que iríamos a ver el show de los delfines.
― No te preocupes, podríamos salir en la noche, a la disco por ejemplo.
― Me gustaría, pero sabes que no puedo dejar solo al niño.
Catalina mira desanimada al suelo, Omar piensa.
― Ya sé, ¿Porque no vamos de paseo en el yate, sale a las ocho.
― ¿Nos vemos en el embarcadero entonces?
― Tú lo has dicho, hasta luego.

El navío partió, iluminado con cientos de focos sobre la cubierta, dejando un rastro de espuma y de luces sobre la superficie del mar.
Guillermo, fascinado, observa la bahía desde la borda del yate; Omar y Catalina, al fin con un poco de intimidad, pueden hablar cosas del amor.
Una espléndida luna llena se eleva sobre la bahía inundando el ambiente con su luz platinada.
La orquesta empieza a tocar música romántica; como si fuera entre sueños, la pareja es arrastrada por el embrujo musical hasta la pista de baile.
Pieza tras pieza, Omar y Catalina bailan cada vez más juntos. Es el momento adecuado, se besan por primera vez, tímidamente, sin saber cual será la reacción del otro; a continuación el siguiente es largo y apasionado.
Un pequeño bulto se escabulle entre los dos; es Guillermo, que abrasa a su madre por las piernas, como si quisiera bailar solo él con ella. Una alegre y sincera risa surge al mismo tiempo de la pareja.

De regreso al hotel; Omar carga a Guillermo, esta rendido y duerme profundamente. Catalina busca la llave del cuarto, abre la puerta y recibe de Omar a su hijo. Después de acostarlo en su cama ella regresa a la puerta, donde Omar la ha esperado, ambos se ven, de repente se han quedado sin palabras.
― Entonces, ¿quieres pasar?
― ¿No habrá problema con el niño?
― Duerme, y no va a despertar.
Omar entra en el cuarto de Catalina, y las luces se apagan.

Catalina despierta al día siguiente, la luz del sol entra por las ventanas; encuentra a Guillermo jugando en su cuarto.
― Memito, quiero hablar contigo, ― el niño pone atención a su madre.
―Hoy vamos a pasar todo el día con Omar, no quiero que vuelvas a hacer otra de tus groserías, ni a mencionar a tu padre.
― Pero Mamá.
― No hay peros, esto es muy importante para mi, y lo es también para ti, así que harás lo que te digo.
― Sí, Mamá.
Catalina cae en cuenta del juguete con el que Guillermo ha estado jugando.
― ¿De donde sacaste eso?
― Estaba allí tirado, cerca de la puerta.
― Damelo, esto no es un juguete.
― ¿No?, entonces ¿que es?
― Es... este... es un globo, nada más.

Los siguientes días resultaron idílicos para Catalina.  Guillermo poco a poco fue aceptando la presencia de Omar, incluso en ocasiones llego a reír gracias a la simpatía de este.
Pero como siempre, los nubarrones fueron cubriendo su cielo azul; con creciente angustia Catalina se da cuenta que el dinero se le agota; no podrá prolongar mucho tiempo sus vacaciones, el retorno es inminente.
Contemplando el atardecer sobre el mar Catalina no puede contenerse más.
― Mañana nos vamos. ― Dice.
― Oh, creí que solo Guillermo iba a llorar. ―Omar enjuaga las lágrimas de Catalina.
― Allá las cosas son tan distintas; vivimos tan separados.
― Yo te iré a visitar tanto cuanto pueda.
― ¿Y si no funciona? ¿Como sabré que mañana me has de querer igual?  Quizá la mujer que conociste aquí no sea la misma que todos los días trabaja y lucha por mantenerse.
― Me gustas así como eres, lo demás no importa, encontraremos la manera, ya lo veras.

El sol se oculta en el mar, las nubes, como si fueran brasas, refulgen en el cielo y en el mar, extinguiéndose poco a poco. 

miércoles, 7 de agosto de 2013

LA CABAÑA DEL LOBO


Los insectos nocturnos zumban y chirrían entre las ramas de los árboles en una gran variedad de tonadas.  Hacía todas direcciones la luz de la linterna ilumina los mismos troncos cubiertos de musgo; y la neblina que va deslizándose entre las ramas, envolviéndolo todo con su aliento helado.  Gustavo y Leonor caminan por el sendero, buscando alguna roca o un arbusto familiar que les indique el camino de regreso al campamento.
― Tengo frió. ― Se queja Leonor.
― Si, mi amor, ― responde Gustavo, ― yo también, pero tenemos que seguir moviéndonos hasta encontrar el campamento.
― Estamos perdidos Tavo.
― No te desesperes, no debemos estar lejos.
Cuando Gustavo se alejo para buscar leña, cargo con su linterna; pero esta fallo cuando traía algunas ramas a no más de cien pasos de la tienda de campaña y la fogata. Al principio Gustavo pensó que no sería difícil reencontrar el camino de regreso, pero le sorprendió la rapidez con la que uno se puede desorientar en la oscuridad absoluta.
Sabiendo que no estaba muy lejos y pensando que entre mas caminara podría alejarse más, empezó a llamar a Leonor, esperando que al responderle pudiera orientarse.
Escucho a Leonor que le respondía, y vio la luz de su linterna; se encontraron  en medio del bosque, después de que ella se alejara a buscarlo al tardar en regresar.
Siguieron el camino que Leonor tomo para buscar a Gustavo, pero en ese momento, con una brisa helada, una espesa neblina descendió sobre ellos, envolviéndolos con una pantalla blanca que no les permitió ver mas allá de algunos metros.
 Gustavo intenta mantener el optimismo, pero sabe tan bien como Leonor que no podrá regresar al campamento en medio de esta niebla, además es probable que la fogata se haya apagado por falta de leña en este tiempo que llevan fuera.
― ¿No traes algunos cerillos Leo?
― No, los deje en el campamento, ¿tu tampoco traes?
― Vaya campista que resulté, si tuviéramos cerillos haríamos aquí mismo una fogata.
― ¿No puedes encenderla con unas piedras o algo así?
― Todo esta mojado alrededor, aunque supiera cómo, no encendería.
Sus pasos les llevan hasta una cerca de madera.
― ¿Recuerdas estos troncos?  ― Pregunta Leonor.
― Para nada, debemos estar ya bastante lejos de la tienda. Creo que lo mejor será seguir la cerca, a ver si encontramos la carretera.
Caminan, sintiendo como el frío arrecia. Al dar vuelta a la esquina, encuentran una vereda; con renovada esperanza se dirigen a ella y toman una de las dos direcciones al azar.
― ¿Hueles? ― pregunta Leonor. ― Huele a leña, debe haber alguna casa por aquí.
Siguiendo por el camino encuentran un letrero que dice:
“Bienvenidos a la cabaña del Lobo, rica barbacoa todos los fines de semana”.
Entre la niebla, en un claro del bosque, encuentran una cabaña con chimenea que lanza un humo espeso que se escurre hacia el nivel del suelo. Por las ventanas se puede ver el resplandor de velas en su interior.
Gustavo y Leonor se dirigen a la puerta, con las manos y los pies entumecidos por el frío.
Tocan a la puerta, dispuestos a rogar por albergue por lo que resta de la noche.
Una mujer abre la puerta, y antes de que Gustavo o Leonor digan algo, les deja pasar, incluso los apresura para que entren antes de que el frió se cuele al interior.
La pareja entra y tardan unos instantes en darse cuenta de lo que sucede en el interior.
Una docena de personas sentadas alrededor de la habitación iluminada con cirios, murmuran entre si, cubiertos con chamarras o chales oscuros. En el cuarto de al lado esta una caja con la tapa abierta. Es un velorio.
Sin que nadie les pregunte nada, una señora les acerca un par de sillas y los ubica en una esquina de la habitación.
Leonor da las gracias, pero se acerca a la chimenea y extiende sus manos para calentarse.
Gustavo da un vistazo alrededor, se da cuenta que la habitación es un amplio comedor, un par de puertas abren hacia un jardín frontal, donde puede ver entre la niebla un columpio.  Este era el restaurante que indicaba el letrero en el camino: “La cabaña del lobo”  y el difunto es...
Leonor se sienta a su lado, intimidada por la extraña situación.
― Tengo miedo Gustavo.
― No hay nada que temer, mi vida, tan solo es un velorio.
Pasa el brazo sobre su hombro para abrazarla, y se da cuenta que la gente lo voltea a ver.
Pensando rápidamente, toma con suavidad la cabeza de Leonor y la recarga sobre su hombro. Las miradas desaprobatorias se vuelven compasivas  y se desvían.
― ¿Qué te pasa? ― reclama ella.
― Shhh. Solo finge tristeza, nadie espera otra cosa que un poco de congoja, así podremos quedarnos hasta que amanezca.
Un rato después ofrecieron café con canela en jarros de barro; tanto Gustavo como Leonor los tomaron con silenciosa satisfacción.
En voz baja los asistentes conversan; Gustavo intenta escuchar lo que dicen, pero se percata que hablan otomí o algún otro idioma indígena. Con las señas y el tono en el que habla una señora, deduce Gustavo que esta narrando las circunstancias por las cuales falleció el difunto.
A lo largo de la noche fueron llegando otras gentes, algunas fueron hasta la caja a dar un vistazo al difunto y enjugarse las lágrimas frente a él.
Gustavo sintió la curiosidad de acercarse a mirar, pero Leonor le detuvo cuando pretendía levantarse.  Ella aún miraba con desconfianza a la gente alrededor.
Las señoras empezaron a rezar, en aquel idioma que se parece al canto de las aves; poco a poco el sueño los empezó a abrumar, y aunque hicieron el esfuerzo por permanecer despiertos, terminaron por dormirse, allí donde estaban, sentados en un rincón del comedor de la cabaña del Lobo.
Cuando despertaron, sobresaltados, la gente dentro de la habitación se había multiplicado, afuera un grupo de hombres encendieron antorchas y todo el mundo se levanto de sus sillas.
Respetuosamente vieron como levantaban entre seis jóvenes la caja para sacarla por la puerta frontal; en el lugar donde estuvo la caja un hombre dibujo una cruz de cal en el suelo.
La gente salió en procesión detrás de la caja.
― Creo que lo van a pasear por el pueblo antes de llevarlo al panteón, no debe faltar mucho para el amanecer.
Antes de que salieran de la cabaña Leonor le habla a una señora que le parece haberla escuchado hablar en español.
― Ay señora, perdónenos por favor, ― Explica Leonor. ― Estábamos acampando y nos perdimos en el bosque, no teníamos a donde ir más que aquí.
― ¿Dónde estaban acampando?
― En el valle del castaño. ― Indica Gustavo.
― ¡Juan! ― Llama la mujer: un muchacho se acerca; Le da instrucciones en aquel idioma.
El muchacho les hace señas de que lo sigan.
― No sabe cuanto se lo agradecemos. ― Le dicen a la señora, la cual solo levanta la mano y se va tras la procesión.
Siguiendo a su joven guía, Leonor y Gustavo suben una pequeña loma por una pequeña brecha, en diez minutos se encontraron en el claro donde acamparon.
La tienda sigue de pie, pero la fogata se ha extinguido.
El joven se da la vuelta y regresa por el camino por el que llegaron antes de que le puedan dar las gracias.
Gustavo re-enciende la fogata; se meten a la tienda para dormir.  Rápidamente caen en un sueño profundo, pero Leonor despierta a Gustavo. ― ¿Escuchas?
Fuera de la tienda se escuchan los pasos furtivos sobre la hierba de algún animal que merodea alrededor de la tienda.

Los dos permanecen en silencio mientras escuchan aquello que se va acercando.

viernes, 5 de julio de 2013

EL DESPERTAR

Como todos los años, por motivo de mi cumpleaños, publico en esta fecha uno de mis cuentos favoritos. En este caso el cuento que participo en el concurso "la noche antes del fin del mundo" de la revista Conosca Mas.


Hace mucho que no soñaba, Marco Antonio sueña que un doctor  de bata blanca y lentes lo observa; con un techo que se mueve, lámparas fluorescentes que pasan frente a sus ojos.  Sueña con una ciudad que no conoce y la recorre en automóvil; que esta en casa, listo para salir a la fiesta de graduación.  Algo le pica en el brazo y despierta.  Reconoce a Helena su madre, le esta inyectando; retira la aguja y coloca un algodón en la articulación del codo, levanta la vista y le sonríe.
― Hola mi vida ¿Cómo te sientes? ― Marco Antonio esta confundido, tan débil que no puede moverse y no puede recordar porque esta así.
― Estoy bien. ― Responde.  Helena lo levantas hasta dejarlo sentado en la cama, recargando su espalda con numerosas almohadas contra la pared.
Marco Antonio se ve las piernas, largas y flacas, muy blancas.
― ¿Qué paso? ― Pregunta con angustia.  Ella le dice tranquilamente.
― Te caíste de una moto. ― Sin agregar nada se dirige a una pequeña cocina del otro lado de la habitación.  Marco Antonio se da cuenta que no se encuentran en la casa. Este  es un pequeño departamento de una habitación. Las ventanas están cubiertas con cortinas pero se adivina que es de noche.
― Te prepare tu comida favorita. ― Dice su madre con un extraño tono de voz; coloca una mesita de cama sobre sus piernas y le sirve una cena.  Miran una película en una laptop mientras comen juntos. De algún lugar llega el sonido de un trueno  lo que hace que ella voltee alarmada hacia la ventana; recupera su control y pregunta con una sonrisa:
― ¿Quieres helado? ― Helena sirve dos platitos, voltea cuando Marco Antonio lanza una exclamación: se ha llevado la mano al mentón.
― ¡Tengo Barba! ― Se sienta a su lado; le pone en las manos el helado.
― Han pasado años hijo; quedaste en coma por el accidente, seguiste creciendo.
― Entonces todo ha cambiado, ¡ya soy adulto! ― Helena lo sostiene de la cabeza, igual que cuando era niño.   La luz de la habitación se apaga al tiempo que se escucha un tremor y el suelo se agita.
― ¿Qué esta pasando? ― Pregunta Marco Antonio sintiendo el temor de su madre.
― Es el apocalipsis, Dios ha despertado y al mundo le esta dando fin. ―
Marco Antonio sabe que debería estar aterrado, pero la somnolencia lo va invadiendo, como si todo esto no fuera más que un mal sueño.
― ¿Dónde esta papá? ¿Mis hermanos? ―
― Se fueron, hijo mío, solo quedamos tu y yo. ― Marco Antonio siente las lagrimas de su madre mojarle la frente.
― Tengo mucho sueño mamá. ―
― Esta pasando el efecto de la inyección, el Doctor dijo que despertarías un rato;  yo… solo quería hablar contigo una vez más.
Por la cortina atraviesa la luz de relámpagos y regresa el temblor. Marco Antonio hace un esfuerzo por mantenerse despierto.
― Dime Mamá ¿Fui a la fiesta de graduación? ―
― Claro que si, mi vida, te compramos un traje nuevo con el que te veías muy guapo. Te llevamos a la casa de esa niña… ¿Cómo se llamaba?
― Irene ― Responde en un susurro.
― Si, Renne, fueron juntos a la fiesta, hubo mucha comida, música, bailaron y nunca te vi tan feliz.
Marco Antonio cierra los ojos, mientras afuera los truenos retumban como pasos de gigante y el viento gime como la trompeta del ángel exterminador.


jueves, 27 de junio de 2013

RESEÑA: EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLA

Navegando por el río Tamesis un barco encala en un banco de arena. Los marineros se disponen a esperar la marea alta para proseguir su viaje a los confines de la tierra. Charles Marlow, viejo y experimentado hombre de mar inicia un relato para entretener a sus compañeros. Reflexiona acerca del conocido y confiable Tamesis; dos mil años atrás para los conquistadores romanos que fundaron Londres este debió ser un lugar salvaje y aterrador. Estos pensamientos que lo obsesionan dan pie a que rememore la expedición que años atrás dirigió hacia lo alto del río Congo.
"El corazón de las tinieblas" es un relato de Joseph Conrad, que en el cine adapto Francis Ford Copola en la cinta Apocalipsis Now,

 nos muestra un viaje perturbador hacia el interior del continente africano; un viaje en el que el salvajismo del paisaje, así como el de los nativos, rivaliza con el barbarismo de los colonizadores y lo que es mas perturbador, aquel estrato de salvajismo dentro de cada uno de nosotros, aquel que nos impulsa a seguir el llamado de los tambores en medio de la oscuridad, ese impulso primordial que nos quiere apartar de la civilización y abandonarse a los instintos.
Marlow, quien siempre ha sentido curiosidad por aquellas regiones que en los mapas aparecen en blanco al final del siglo XIX, encuentra la oportunidad de conocer una de esas áreas cuando obtiene el puesto de capitán de un vapor que navega por el río Congo.  Poco después de emprender el viaje a su nuevo trabajo va percatándose que las cosas nos son como se las había imaginado.
Rodeando sus costas, atestigua la imperturbable majestuosidad y  despiadada crueldad de la selva africana; como la vida humana, tanto de aborígenes como de exploradores, es apenas un costo más en las cuentas de una libreta contable de la compañía explotadora de marfil; situaciones absurdas y contradictorias de las que es testigo en el largo viaje hasta encontrarse con su navío: un viejo barco hundido en medio del río.  En los meses que pasan mientras repara la chatarra flotante con la que enfrentara el río va escuchando noticias y relatos acerca del mejor comerciante de marfil en tierras adentro llamado Kurtz. Los demás comerciantes hablan de él con envidia, desprecio y temor, lo cual le gana a Marlow su simpatía pues desprecia a aquellos que hablan tan mal de un hombre que poco a poco va adquiriendo en su imaginación  la dimensión de héroe.
Emprende por fin el viaje emocionado con la idea de por fin conocer y sobre todo escuchar a Kurtz, ese hombre extraordinario que por si mismo ha logrado obtener mas marfil que todos sus competidores juntos, que sostiene sus propias ideas sobre la colonización del continente, que ademas de mostrar una valentía extraordinaria y audacia en los negocios, tiene la sensibilidad de un artista; que por alguna extraña razón se ha visto obligado a permanecer en su factoría, en lo más profundo de la selva.
Conforme avanzan por las traicioneras aguas del río Congo Marlow y sus pasajeros se percatan del aprieto en el que se van metiendo. La selva omnipresente siempre los vigila con amenazas ocultas, una tripulación fiel y trabajadora pero que conforme las raciones van escaseando dejan ver su naturaleza caníbal, la cual queda de manifiesto en un episodio:  se escucha un grito desgarrador en medio de la noche cuando el vapor avanza lentamente cerca de la orilla. El jefe de sus tripulantes se acerca a Marlow para pedirle permiso de buscar al desdichado que grito, ¿Para qué? Pregunta, la obvia respuesta es "para comerlo".
La expedición se acerca a su destino y solo Marlow se percata del peligro en el que se encuentran, pues sus pasajeros europeos aún parecen muy confiados de su superioridad, cosa que cambia cuando son atacados por los aborígenes desde la espesura, perdiendo al timonel de la embarcación.
Dando por muerto a Kurtz llegan por fin a la factoría donde se encuentran a un joven explorador ruso quien dice ser el único amigo de Kurtz y quien los apresura a llegar con él, pues se encuentra gravemente enfermo.
Los europeos emprenden camino a la factoría donde hay una impresionante cantidad de marfil y donde reposa de su enfermedad Kurtz. Esperando en el barco, Marlow tiene una conversación con el joven ruso que le aclara muchas interrogantes pero le provoca gran perturbación. Kurtz se ha erigido como dueño de todas esas tierras y los aborígenes lo veneran como un monarca; ha conquistado todas las tribus al rededor y estas le pagan tributo con marfil; al asumir el papel de caudillo Kurtz ha sobrepasado los limites de lo que puede considerarse civilizado dando rienda suelta a un oscuro liderazgo carente de moral. La conducta contradictoria de Kurtz queda de manifiesto en la admiración que manifiesta el ruso hacia él a pesar de que también ha sido victima de sus abusos, como cuando tuvo que entregarle todo su marfil a punta de pistola.
En esta tierra Kurtz es soberano pero a la vez es prisionero, pues a pesar de intentarlo varias veces, no le ha sido posible regresar a la civilización, no puede renunciar a aquello que ha logrado aunque la vida se le va en ello. El ruso hace otra confesión: Kurtz ordeno el ataque al barco pues no quiere ser salvado por ellos; pero debe ser salvado dice el ruso y le pide a marlow cuidar de él, pues sera su único amigo.
La expedición a la factoría regresa con Kurtz postrado por la enfermedad. Una enorme multitud aparece de la selva rodeándolos, tratando de evitar que su caudillo se vaya. Lo que pudo ser una carnicería es detenida por el mismo Kurtz, quien da la orden de retirarse a los aborígenes.
Antes de emprender el viaje de regreso Marlow tiene que frustrar el ultimo intento de Kurtz por huir.
Aunque no es exactamente lo que se imaginaba de aquel hombre Marlow se toma en serio su papel de amigo y protector de Kurtz, quien le confía sus diarios, cartas y pensamientos: hasta el último momento insiste en la importancia de su misión, de todos los proyectos que deja inconclusos.
A continuación el relato nos muestra el oscuro final de kurtz y sus enigmáticas últimas palabras, no sabemos  que tan lucido o delirante se encuentra antes de expirar: "El horror, el horror".
Marlow casi  comparte ese destino al enfermar y tener una larga convalecencia.
Como último episodio Marlow narra su encuentro con la prometida de Kurtz varios meses después, lo hace como parte de su deber y porque aún le obsesiona la naturaleza contradictoria de Kurtz, espera que ella le pueda aclarar su verdadera naturaleza. Conmueve la fidelidad de la mujer, sabiendo que en realidad su prometido la había olvidado. Consciente de ello Marlow le cuenta mentiras piadosas, le dice que sus últimas palabras fueron su nombre. Al escucharlo llora ella exclamando "Lo sabía, lo sabía". Marlow calla la verdad, pues es "demasiado oscura para contarse".
La lectura de "El corazón de las tinieblas" me  ha dejado un extraño deja-vu, la sensación de que algo parecido he visto días antes. La imagen del líder enfermo, claramente desahuciado, que se aferra al poder a toda costa, lo he visto en televisión meses atrás, en el drama venezolano de su presidente enfermo pero siempre sonriente, como si pudiera burlarse de la muerte, pero al final la lucha es perdida.
También he visto antes las hordas de aborígenes fanatizados siguiendo a su caudillo, en las manifestaciones con motivo de los funerales del mismo presidente. Incluso es lugar común la mezquindad de los que se reparten el marfil de Kurtz como aquellos que ahora detentan el poder en el país sudamericano.
Quizá piensen que todos estos comentarios no tiene nada que ver con la obra en cuestión, por el contrario pienso que ejemplifican claramente la profunda visión de la naturaleza humana que podemos encontrar en "el corazón de las tinieblas"  una metáfora del poder, su capacidad corruptora, su irresistible encanto, la contradictoria naturaleza del líder mesiánico: amado y odiado por igual, con justas razones.
Así que no se engañen, esta no es una simple historia de aventuras, es acerca de las obsesiones, del bien y del mal y del camino, no necesariamente en la selva, que nos lleva a lo mas oscuro de nosotros mismos, donde si tenemos el valor suficiente podremos exclamar: El horror, el horror.