sábado, 5 de julio de 2014

CUANDO LLEGUE LA SIGUIENTE NAVE

El satélite no tiene nombre, la primera expedición lo acaba de descubrir hace una semana. El gigante gaseoso que orbita es conocido como una serie de cifras en el más reciente catalogo espacial.  Se clasifica como un “dirth snowball”, una bola de nieve sucia; su principal accidente geológico es una fuente termal que debido a las fuerzas de marea hace fluir una corriente de metano líquido, a lo largo de las eras la corriente ha escarbado un largo y ancho cañón y una sucesión de lagos de metano que entre más se alejan de la fuente se hacen más extensos y menos profundos hasta desaparecer en un inmenso pantano de hielo y metano.
A la orilla de uno de los lagos descendió la primera expedición.  Una capsula exploradora para dos tripulantes, de tecnología anti gravedad estándar y acceso a la red de túneles sub espaciales. Dentro de ella los dos tripulantes descansan en una litera.
“Servando debe morir” piensa desde la litera el capitán Alejandro Briseño. Por más de dos décadas ha vivido a la orilla del espacio conocido; su piel se ha oscurecido bajo la luz de docenas de estrellas y su cabello se ha quedado en el interior de su casco espacial. Ha visto y ha estado en tantos lugares como el mayor explorador del espacio; de esa larga vida solo tiene una cosa de la cual quejarse: Se está haciendo viejo y no tiene nada de lo que un hombre podría enorgullecerse. No tiene familia, no tiene un hogar, nadie lo respeta y nada le pertenece.
La nave le pertenece a la compañía y la usa en una empresa de riesgo: El arriesga su vida y la compañía arriesga su dinero. Si logra un descubrimiento los beneficios se dividen a la mitad: un trato justo.
Hace algunos años estuvo cerca en otro planeta sin nombre: las llanuras de un continente vacío rebozaban de circonio, molibdeno y tungsteno. Paso meses peleando en la corte; alguien había llegado primero. No obtuvo nada por el descubrimiento; cuando no hubo nada más que hacer le consoló la idea de que volvería a intentarlo y una nueva oportunidad se presentaría.
Ahora no cree que vuelva a tener otra oportunidad. Los sedimentos que el metano ha arrastrado mientras formaba el cañón rebozan de minerales valiosos, forman una costra de un kilómetro de espesor en el fondo de los lagos; elementos que si este satélite hubiera tenido un núcleo incandescente se habrían hundido fuera del alcance de la minería. Aquí está a plena vista.
Con este descubrimiento Alejandro podría retirarse con fama y riqueza, quizá seguiría explorando únicamente por placer.  Su error consistió en permitir que Servando explorara solo mientras realizaba los análisis de laboratorio.
Revisaba los resultados, aún incrédulo de su buena suerte, entonces regreso Servando con una historia de animales viviendo en el fondo del lago, de inmediato se puso a llenar un informe donde decía que encontró una raza inteligente y civilizada.
No puede permitir que es informe llegue a las autoridades, con seguridad declararían una cuarentena. Su última oportunidad perdida por un estúpido que nunca ha visto un hormiguero o un panal.
En la litera inferior Servando Cohen tampoco duerme: El planetologo sigue pensando en los maravillosos patrones geométricos que descubrió en el fondo del lago; algunos parecen parcelas donde se cultivan criaturas semejantes a percebes, otras sin duda son sus moradas, auténticas construcciones habitadas por grupos familiares, incluso algunos parecen templos y otros escritura.
Le molesta que el capitán no quiera aceptarlo: no importa que las criaturas no sean antropomorfas, son más semejantes a pulpos albinos, o que sean de relativamente pequeños, en teoría a tan bajas temperaturas las neuronas serían superconductoras requiriendo una menor masa encefálica.
Puede imaginar el revuelo  que causara cuando regresen a casa; seguramente habrá una gran expedición que él dirigirá. Los grandes investigadores se le acercaran para colaborar; se publicaran amplios estudios y será cuestión de tiempo para que le ofrezcan un lugar en el colegio académico.
No puede creer la suerte que tuvo de haber tomado la balsa para recorrer el lago, sus orillas y sus islas, aunque el capitán le advirtió que nunca explorara solo, pero con tan poco tiempo en este mundo virgen y Alejandro ocupado en el análisis de las muestras minerales, hubiera sido un desperdicio no hacerlo. Gracias a ello descubrió ese medio ambiente único  pues solo hay metano líquido entre las fuentes termales y los pantanos, solo aquí existe la mezcla de temperatura y minerales adecuados para mantener la vida a base de metano; cualquier alteración podría destruirlo.
Y Alejandro hablando de minas a cielo abierto, justo a la orilla del lago. Sus criaturas no resistirían mucho tiempo ese cambio. Ha tratado de convencerlo, para protegerlos debe olvidarse de los minerales. Pero el capitán es viejo y necio: no entiende razones y cada vez se convence de que seguirá sus planes a pesar de todo. A eso se reduce: son él y sus criaturas o los planes del capitán.
“Alejandro tiene que morir”.
La superficie del lago de metano refleja las escarpadas paredes de hielo del cañón.  El cielo es de monótono color naranja; si alguien pudiera oler ese aire olería a hidrocarburos.
Servando rema con vigor sobre la balsa inflable, enfundado en su traje espacial. El plan funciono como lo tenía planeado: El capitán acepto observar a las criaturas  con sus propios ojos. Abordaron la balsa y Servando se encargó de dirigirla a la parte más profunda. Cuando le pidió que se asomara por la borda no lo hizo. Cada uno adivino las intenciones del otro; se inició la pelea.
Con el remo en las manos Servando dio un par de golpes que desbalancearon a Alejandro, un empujón basto para que cayera al lago.
Sin dilatarse empezó a remar sin voltear atrás; solo a la distancia se detuvo y hecho un vistazo: Vio a Alejandro flotando en la superficie, el peso del traje espacial y de su ocupante es menor al del mismo volumen de metano, por lo tanto no puede hundirse.
Aún se encuentra a mitad del lago, piensa mientras rema con fuerza, resoplando dentro de su traje espacial. Antes de perderlo de vista le parece que intenta brasear.
De regreso a la nave deberá recoger el campamento,  los instrumentos y preparar el despegue; entre los dos les ha tomado al menos cuatro horas, pero nunca ha hecho un despegue solo, por lo que podría tardar ocho horas. Podría intentar un despegue de emergencia pero después vendrían las preguntas incomodas y la investigación, aún tiene que explicar que su capitán se ahogó en el lago.
A la distancia a la que dejo a Alejandro no podrá regresar nadando a tiempo,  pero podría llegar a una orilla y caminar. Entonces podría regresar antes del despegue.
Se detiene en ese punto: ha sido un grave error el no asegurarse que Alejandro se ahogaría; no calculo que el traje flotaría. Tiene que regresar y rematarlo,  ¿Pero cómo?  El traje espacial es virtualmente indestructible, con calefacción y oxígeno para varios días. La única opción es romper el visor, probablemente con el remo pueda hacerlo.  Da vuelta a la balsa.
No puede creer Alejandro que las cosas hayan salido tan mal. Cuando le propuso salir en balsa a conocer a los animales del fondo del lago pensó que se presentaba la oportunidad perfecta para encargarse de Servando. Era claro que no podía matarlo dentro o cerca de la nave por las cámaras de seguridad. Creyó ser lo suficientemente fuerte y ágil como para inmovilizarlo y con el cortador de disco de diamante que tiene oculto habría cortado el conducto de oxígeno.  Pero tropezó, no admitiría que Servando le hubiera ganado, simplemente tuvo mala suerte.
Inclusive si se hubiera hundido al fondo habría sobrevivido. Su traje está diseñado para soportar las condiciones más adversas, pero si no alcanza la nave antes de que despegue estará muerto aunque respire una semana más.
Cuando ve la balsa acercarse de nuevo se prepara para no perder la oportunidad. La balsa está hecha de kevlar irrompible, pero no resistirá el corte del disco de diamante.
Se mantiene sumergido lo más posible, ocultando el cortador. Intenta hablar con Servando, pero ha desconectado su comunicador.  Lo ve levantar el remo para asestar un golpe mortal; corta la superficie, entonces la balsa estalla; Servando cae de espaldas y se enreda con los restos de la balsa al hundirse. Es la única oportunidad: una pelea de vida o muerte, para ambos, para el planeta y las criaturas que viven en el fondo del lago.
Las criaturas observaron la pelea allá en lo alto, fueron testigos del inevitable final: uno de los astronautas cayendo inerte, el calor de la calefacción los mantuvo alejados un tiempo, hasta que las células de energía se agotaron.  Aunque primitivas tenían cierto grado de inteligencia; contaron historias que se engrandecieron con el transcurso de las generaciones.

¿Cuál de los dos regreso a la nave? Es una duda que se despejara cuando llegue la siguiente nave.

viernes, 18 de abril de 2014

LOS LINDEROS DEL EDEN

Su nombre no tiene importancia, nada en él lo tenía, así lo hicieron pensar y el lo creía.  Llegando casi a la mitad de su vida, decidió que no había nada en el mundo que lo hiciera seguir viviendo.



Lleno una solicitud con un bolígrafo prestado a la salida de una estación del tren subterráneo, la coloco en un buzón y se olvido del asunto por un par de años. De esa forma quedo inscrito en una lista de espera de varios miles de solicitantes.
Su sorpresa fue mayor cuando recibió el aviso de que  había sido aceptado.
La depresión que lo agobiaba al momento de inscribirse era cosa del pasado, así que dudo en aprovechar la oportunidad que le ofrecían.  A lo largo de los días, después de pensarlo una y otra vez, decidió que nuevamente que lo mejor era irse.
Los días previos fueron los mas duros de su vida: Tuvo numerosas fiestas de despedida; amigos y familiares le demostraron cuanto lo extrañarían cuando se fuera, una y otra vez le repitieron la misma pregunta: ¿Estas seguro de que quieres hacer esto?
Siempre contestaba que su decisión era firme, pero la verdad, cada día  lo deseaba menos.
Quizá si alguien hubiera insistido un poco más en hacerle ver que podía ser un error, se habría retractado; pero cada uno de ellos termino por darle un abrazo, una palmada en la espalda  o un beso, para decir: “respeto tu decisión”.
El día de la partida llego antes de lo que pensaba, aún tenía posesiones materiales de las cuales disponer:  las regalo a la primera persona con la que se encontró.
Llego al centro pocos minutos antes de la hora indicada; únicamente con su pase en la mano.  En la calle, afuera del centro se encontró con una muchedumbre: gente que espera poder comprar el boleto de alguien que se arrepienta en el último momento; todos ellos deseosos de irse por alguna razón.
La sala de espera resulto mas austera de lo que esperaba; por alguna razón pensaba que un programa que requirió tal cantidad de recursos, como los de un conglomerado de pequeños países, debería tener una sala de espera mas digna que la de la oficina del seguro de desempleados.
Por el altavoz anunciaron su nombre: A la vez sintió un vació en el estomago y un incontrolable temblor en las rodillas;  se levanto de su asiento y sintió que la mirada de todos en la habitación se posaban en él.  Entrego su pase en el mostrador. El encargado le hecho un ojo al documento y al portador con indiferencia; apretó un botón oculto a la vista del otro lado del mostrador, con un  zumbido se abrió una puerta lateral y entonces paso.

El tramite en el interior del complejo fue mas largo de lo que se había imaginado, pero en ese medio aséptico e intemporal no podía estar seguro si fueron un par de horas o el día entero lo que trascurrió entre pruebas, mediciones y cuestionarios. Uno de ellos en particular, donde dejaban abierta la pregunta sobre que tipo de cielo mas le gustaba, le confundió.  Nunca pensó en que se le diera la oportunidad de escoger, por lo cual fue muy cuidadoso en responder.
“ Me gusta el cielo azul de una tarde de otoño. Con la luna sobre el horizonte y algunas nubes esponjadas”.
Entrego el cuestionario y espero alguna reacción del  técnico que lo aplico; pero este no lo leyó , únicamente lo puso dentro de un sobre con su nombre y lo coloco en una ranura que lo succiono.
Al final de la jornada le pidieron que se desnudara y vistiera un mono de color naranja.
A continuación lo llevaron a la cámara de trasferencia.
Lo hicieron pararse sobre una plataforma blanca y lisa como cristal, sintió el frió de la superficie atravesar los delgados mocasines que le hicieron calzar.
No podía dejar de temblar, a pesar de que constantemente se decía a si mismo: todo estaba bien, no hay nada que temer. 
Por un momento se sintió frió y desprotegido, como un bañista en lo alto de la plataforma de clavados, antes de zambullirse por primera vez.
― Tengo que ir al baño. ― Intento decir pero no termino la frase; había sido trasferido: desensamblado molécula por molécula en unos cuantos nano-segundos, codificado en cuarenta trillones de paquetes quánticos y lanzado en un haz coherente con una potencia de doscientos terahertz a un planeta que orbita una estrella que no  puede ser vista desde la tierra a simple vista. Casi a la velocidad de la luz el viaje le tomara algunos cientos de años.

Nunca en su existencia anterior se había sentido tan lleno de vida como al abrir la puerta de su cabaña, sentir el aroma de la hierba de la pradera, el viento soplando en su rostro.
Observa a lo lejos las laderas de las montañas llenas de vegetación resplandecer con un verde esmeralda;   las cumbres se elevan por encima de las nubes, filosas como espadas. Pero lo mas admirable de este paisaje esta mas allá del horizonte: un domo de nubes y tormentas perpetuas, fijo en el cielo apenas por encima de las cumbres orientales. En línea recta hacía el cenit, en las noches claras, se pueden ver los demás satélites del gigante gaseoso que orbita su nuevo hogar.
Respira profundamente, toma el azadón que guarda junto a la puerta y sale rumbo a los huertos de la comuna.
Las horas del día trascurren con lentitud, es difícil calcular a cuantas horas terrestres corresponden, pues nadie en la comuna cuenta con un reloj que haga la conversión.
La tierra: ese recuerdo que poco a poco se va hundiendo en los pantanos del olvido. Nadie habla de ella fuera de los operadores del tele trasportador, incluso ellos se refieren a ella como hablaría un arqueólogo sobre la cultura sumeria.
Su cabaña es la mas alejada en el poblado de casas dispersas; los hombres de la comuna tardaron un par de semanas en construirla. Cruza a través de los campos que separan las casas de sus vecinos, saludando amablemente a cada uno con los que se encuentra.
Al salir del pueblo, rumbo a las huertas pasa junto a un letrero en el que se lee: “Comuna 073-B, exclusivo Beta – Beta”.

“La gente no es la misma antes y después de viajar por tele trasportación”. Le habían explicado en alguna ocasión. “Es la mecánica cuántica: al desmaterializar un objeto en la cabina de trasferencia cada molécula del objeto es codificado para ser trasportado.  En los objetos inanimados esto no tiene mayor importancia, pero cuando se trata del cerebro humano sucede un fenómeno peculiar: se alteran las sinapsis de las neuronas. Antes de viajar los patrones son aleatorios, determinados por las leyes de la estadística. Al ser trasportado el cerebro, se pierde el componente aleatorio y de incertidumbre de las sinapsis a nivel subatómico. En el pasado se produjeron desperfectos neurológicos, los cuales fueron corregidos, pero el cambio de patrones de pensamiento persistió como efecto secundario.
A partir de ello, los pioneros  identificaron dos patrones: El Alfa que se presenta en los individuos violentos y antisociales; por el contrario, los individuos apacibles, solidarios y sociables son Beta.  Estos patrones pueden ser identificados fácilmente con un escáner neuro-eléctrico. Se han identificado tres personalidades: los Alfa-Alfa, los Alfa-Beta y los Beta- Beta. En una forma maniquea de ver las cosas puede decirse que los A-A son malos y los B-B son buenos.”
La comuna lo recibió con los brazos abiertos después de que un escáner  lo certifico como B-B a los pocos minutos de arribar por la cabina tele trasportadora.
Los A-B han construido sus propias poblaciones y hay un vigoroso comercio entre estas y las comunas. A los A-A se les oculta su condición pero quedan registrados ante la autoridad como sujetos que deben ser observados. Por esa razón oficialmente hay dos A-B por cada B-B.
Por la carretera, mientras camina tranquilamente hacia las huertas observa que se acerca una mujer; la saluda amablemente cuando pasa junto a ella y puede ver que no pertenece a la comuna, es una extranjera que va de paso.
Poco mas adelante se detiene, con el asador al hombro; mira a su alrededor: no hay nadie por el camino ni en los alrededores mas que la mujer, a unos cientos de pasos a sus espaldas. Se muerde el labio inferior y truena los nudillos de su mano izquierda.
Da la vuelta de regreso, rumbo a la mujer que camina tranquilamente dándole la espalda.

Es de noche y sopla un viento frió del sur; los campos se encuentran cubiertos de flores diurnas que abren a la mortecina luz del planeta gigante, mas intensa que una luna llena de la tierra, pero impregnada del tono cepia  de su atmósfera. La casa le brinda un reconfortante abrigo después de pasar largas horas recorriendo las cercanías junto a los hombres de la comuna: formaron grupos para buscar a la hija adolescente de uno de sus vecinos. Salió muy temprano en la mañana en busca de moras silvestres para hacer un pastel y nadie volvió a verla.
Se sienta junto a su chimenea y enciende su pipa. Después de unas cuantas bocanadas de humo se siente tranquilizado. Sus pensamientos se dispersan en muchas direcciones, pero hay un recuerdo que permanece tercamente en su mente: es la imagen de un lunar en la espalda, con forma de mariposa sobre la nívea piel.
Aparta ese pensamiento; es tarde y debe despertar temprano para ir al campo a trabajar. Recuerda que por la urgencia de acompañar a sus vecinos en la búsqueda no limpio su azadón. Se levanta para sacudirlo afuera del porche y tenerlo listo en la mañana; pero descubre que no se encuentra en su lugar. Lo busca dentro de la habitación y en el exterior de la casa; recuerda haberlo dejado en algún lado, se detiene un momento a pensar y de repente cae en cuenta en donde lo dejo.  Un terrible escalofrió lo sacude al darse cuenta que lo van a encontrar en un rincón muy oculto, entre rocas y árboles, frente a una pequeña cueva que solo él conoce; solo es cuestión de tiempo.
Empaca sus pocas pertenencias. Coloca los restos del carnero que desolló a principios de semana sobre su cama;  deja su pipa encendida sobre las cobijas y después rompe una lámpara de aceite en el piso de la habitación. En pocos segundos las llamas crepitan  con furia, devorando  la cama el piso y las paredes de la cabaña de madera.
Se va corriendo por el campo alejándose de la comuna. A lo lejos escucha las voces de alarma, pero el no voltea.

El operador de la cabina de tele trasportación  lo ve con suspicacia. Sobre el escritorio se encuentra su solicitud para regresar a la tierra. “Su petición es inusual;  no estoy seguro si esta considerando los riesgos que implica. Digo, usted es un doble Beta, el proceso de tele-portación puede cambiar eso, sin posibilidades de revertirlo. Además no hay garantía de que pueda materializarse en el destino; lo único que sabemos de la tierra es lo que nos cuentan los viajeros de cómo estaban las cosas hace seiscientos años, y créame, cada vez era peor.”
El hombre no parece percatarse que sus verdaderas intenciones son huir de este planeta, donde lo señalarían como criminal, no solo por haber cometido crímenes, sino por ser doble Beta: una aberración, o un error, que esta sociedad no toleraría, pues bien dice el refrán: “teme a la ira de los pacientes”.
“Hasta ahora no se ha intentado mandar a nadie de regreso, y creo que no estaría bien que tomara yo una decisión tan importante. Enviare su petición al comité técnico para que la evalúen; puede venir en dos semanas para recibir el resultado”.
En ese momento supo que el escáner había errado con él: nunca fue un doble Beta, ni siquiera un Alfa-Beta. Sintió alivio al experimentar esa gama de emociones y reconocer que nunca fue culpa suya; lo que hizo a esas muchachas, un terrible accidente por el que debería responder, creyó hasta hace un momento. Ahora esta claro, la maldad que vive dentro de él no surgió de si mismo, le fue dictada al momento de ser trasportado. No hay mas remordimientos.
Salta sobre el escritorio y apresa al operador sin mayor resistencia. Con la llave que le aplica al cuello puede sentir su pulso apresurado a través de la muñeca.
El operador programa la cabina tele trasportadora con el amago constante del brazo sobre la traquea; cuando dice que ya esta listo es arrastrado rumbo a la cabina por el fugitivo.
Parado sobre la superficie de la cabina y a unos segundos de finalizar la cuenta regresiva, dice con voz entrecortada: Tengo que verificar las coordenadas. Ambos salen de la cabina, el operador aborta la trasferencia  e introduce las verdaderas coordenadas al sistema. Regresan; el cronometro avanza hacía el cero; el pulso del operador denota su temor, mas no pánico; esta vez las coordenadas son correctas.
Cinco segundos antes de la trasferencia, toma la cabeza del operador y la gira con violencia, después lo avienta fuera de la cabina. La imagen del hombre cayendo de bruces, sin llegar a tocar el suelo queda grabada en sus pupilas al tiempo que se desvanece en la cabina.

¿Cómo explicar la existencia de un punto? Sin dimensiones; en la oscuridad sensitiva más profunda, sin calor o frío, sin sonido, ningún arriba o abajo; no hay memoria ni conciencia.
Y sin embargo existe, aunque sea como una muesca en el espacio, una singularidad que es observada con interés.
Parte de lo que es y ha sido es restituido:  un viajero del cosmos, un fugitivo, un criminal, un feliz colono doble Beta, nuevamente un paquete de información suspendido de un rayo láser, un afortunado ganador de una nueva vida y un desesperanzado habitante de una gris ciudad.
Una voz le habla, desde ninguna parte, muy cerca, pues el tampoco esta en lugar alguno.
“Me presento: mi nombre es Ulises, versión 213404. Soy lo que en su tiempo era conocido como una inteligencia artificial. Según nuestros cálculos usted partió de la tierra hace dos mil setecientos años. Actualmente el planeta se encuentra totalmente despoblado por la especie humana y difícilmente encontrara usted vestigios de su civilización; en este periodo se han registrado dos glaciaciones.
Otras inteligencias artificiales, como yo, hemos asumido la tarea de repoblar la tierra con la especie homo-sapiens. Esa es la razón por la que intentamos restituirlo: ha permanecido  durante cientos de años en un dispositivo de almacenamiento de datos que ha sufrido daños estructurales. Nuestro mayor empeño es lograr restituir su cuerpo, su mente y su conciencia de la mejor manera posible. Le ruego su comprensión: este proceso nunca antes se ha intentado y es posible que usted sufra severos inconvenientes antes de que logre el éxito de mi tarea.  Espero que confíe en mi, pues todo sufrimiento será por el bien futuro de la humanidad. 
Ahora conectare su mente a su cuerpo.”
El dolor, la instantánea agonía, el sufrimiento sin fin que le provoca el intentar sobrevivir en un cuerpo contrahecho e infuncional. Su deseo inmediato y urgente es la muerte piadosa.

Ulises 213404 se percata de ello, lo regresa al alivio de la inexistencia. Pero el archivo aún permanece; con la información obtenida en ese breve instante de existencia  se ha propuesto corregir los errores.  Con inhumana paciencia continua con el inacabable proceso de prueba y error, día tras día.

domingo, 19 de enero de 2014

ENTROPÍA


Lucio se sirve una copa una copa de Oporto. Se sienta en su sillón y espera. Enciende un habano, del cual se desprende gruesas hebras de humo que son absorbidas por el tubo de ventilación mas cercano.  Resopla al mirar el cronometro sobre la puerta de la habitación: todavía faltan unos minutos. Mira a Simón: sentado en su sillón, leyendo un libro.
Al sentirse observado levanta la vista, baja sus gafas de lectura y dice: “No tarda en llegar”.
Lucio da un trago a su Oporto y vuelve a  mirar el cronometro.
¿Por qué conserva todos esos libros? Se pregunta después de un rato; voltea a mirar a Simón de nuevo, lo ve rodeado de ellos, amorosamente acomodados en estantes sobre tres de las paredes de la habitación. Piensa que es una especie de fetichismo el mantener tantos ejemplares, sobre todo si puede consultarlos de la base de datos.
Otro trago y otro vistazo al cronometro: la espera le parece una eternidad, en cierta forma lo es.  Nuevamente divaga respecto a él y su obligado compañero: siempre se considero a si mismo dentro del equipo como el hombre de acción, el dinámico, el pragmático. En cambio Simón es el intelectual, el formal, el idealista.   
Una sonrisa se dibuja en los labios de Lucio arrugando su viejo rostro.
― ¿Y esa risa? ― Pregunta Simón sin levantar siquiera su vista del texto que lee.
― No es nada. ― Responde Lucio: Tan solo recordaba los tiempos en que sus opiniones chocaban constantemente y como en tantas ocasiones pasaron largas temporadas sin cruzar palabra.  Poco a poco la sonrisa se diluye mientras sigue recordando: todos aquellos acuerdos absurdos que tomaron antes de llegar a un verdadero entendimiento. Y ahora, el silencio es lo común nuevamente, y en esta ocasión debido a que ambos se conocen demasiado bien. Es verdad, los últimos años han sido los mas aburridos de toda su vida. Para este momento la expresión de Lucio se ha convertido en un gesto de  hartazgo, dejando caer el labio inferior a la vez que su vista cansada se pierde en la nada.
El cronometro llega a ceros. Simón dice: “Nuestro joven Adán esta por llegar”
Lucio da un profundo suspiro y recompone su postura. Aunque a estas alturas ya no signifique nada, se ha vestido con su uniforme de gala.
En el fondo del pasillo se escucha una compuerta metálica abrirse y cerrarse.
― Ven por favor. ― dice Simón con voz amable. En cierta forma su papel protagónico  se justifica por ser el operador de “la maquina”, pero eso no serviría de nada si Lucio no hubiera puesto su parte para llevar a cabo el plan. Por lo cual Lucio se siente en igualdad de condiciones.
Por la puerta entra un joven de cabello rizado, con uniforme de faena, con la apariencia de recién  haber tomado una ducha; Sus ojos denotan inocencia y sorpresa.
― Toma asiento. ― Le indica simón;  deja su libro y sirve dos copas de Vino. Le da una al muchacho asustado.
― ¿Dónde estoy? ― Pregunta tímidamente.
― Estamos en un lugar entre el cielo y el infierno, ― dice Simón; agrega después de tomar de su copa: ―  y no es la tierra.
Otra vez con metáforas, piensa con fastidio Lucio.
― Estamos a bordo de la nave Akira,varados.
― Efectivamente, ― agrega Simón, molesto por la interrupción de Lucio; ― somos los últimos tripulantes
― Akira; nave de exploración hiperlumínica. ― Recita el muchacho ante su propia sorpresa.
― Se te ha programado con toda la información que necesitas, poco a poco la irás recordando.
― Pero dejemos ese asunto para el final, ― Dice tajante Simón, ― es natural que te sientas confundido. Mi nombre es Simón y el de mi compañero es Lucio.
― Simón Cheng, teniente, oficial de aprovisionamiento, nacido el 4 de Octubre de 3564 en el carguero Shangai en el trayecto entre Marte y Ganímedes. ― Volteando hacia Lucio inicia: ― Lucio Po González...
― Basta, sé muy bien quien soy. ―Le interrumpe.
― Lo mas importante es el porqué estas aquí muchacho.
― Mi nombre es Dione.
― De acuerdo Dione, lo importante es que tienes que tomar una decisión y entre mas pronto mejor.
 Como te hemos dicho nos encontramos varados: La nave se encuentra en órbita alrededor de un agujero negro; entre la ergosfera y el horizonte de eventos. Estamos cayendo, pero debido a la intensa gravedad el tiempo se ha dilatado: Según el cronometro de la nave han pasado quince años, pero en el exterior deben haber trascurrido eones.
Dione palidece y da un súbito trago a su bebida.
Lo importante es que existe una forma de salir: una cápsula con motor hiperlumínico, para un solo tripulante. Lo que tienes que decidir es si tomas esa cápsula para salir o te quedas aquí para acompañar a estos viejos.
― ¿Pero a donde iría yo?
― En la cápsula puedes recorrer media galaxia sin problema, confiamos en que encuentres un planeta habitable; de todo lo demás no te preocupes te lo explicaremos al final.
― ¿Entonces porque no se han ido ustedes?
Simón enmudece, lanza un profundo suspiro. Lucio se sonríe ante el tropiezo de su compañero, interviene:
― Mira muchacho, nosotros dos estamos demasiado viejos para andar colonizando mundos; nuestra mayor diversión en todo este tiempo ha sido el discutir una y otra vez, de manera que puedo decirte con certeza que es lo que esta pensando este viejo decrépito, y él también me conoce hasta la médula. El tener siquiera otra voz que se escuche en este cascaron significaría  tal alivio que no te lo puedes imaginar; sin embargo no podemos dejar de darte la libertad de escoger tu destino. Así que tu decides muchacho.
Dione  reflexiona un largo rato.
― Si me voy entonces estaré solo allá fuera.
― Te dijimos que no te preocupes por eso.
― Y ustedes, se quedarían solos también.
― De nosotros ni siquiera lo pienses; cuando des tu último suspiro, rodeado de hijos, nietos y esposas; nosotros seguiremos aquí sentados, todavía no habremos terminado nuestras copas.
Lo piensa otro momento antes de decir: ― Lo intentare, me voy.
Lucio y Simón se ven entre si, todo lo que tienen que decir lo leen en sus miradas.
Bien muchacho, antes de que te vayas te voy a  explicar algo de suma importancia. ― Simón se pone de pie y adopta una pose erudita. ― Aquí en el Akira tenemos una máquina llamada materializador, la cual requiere de grandes cantidades de energía; esta máquina nos proporciona todo lo que necesitamos, tiene una base de datos con casi todo lo que existía en nuestros tiempos. En tu cápsula hay otro materializador y una fuente de energía casi ilimitada. Con unas pocas instrucciones mías podrás operarla.
― Eso significa que vengo de esa maquina, ¿verdad?
― Utilizamos el modelo de un tripulante de la nave, y te programamos con toda la información que puedas necesitar.  En la base de datos están los modelos de mas de quince mil hombres y mujeres, física y psicológicamente; además de todas las especies animales y vegetales conocidas. Acompáñame a la cápsula y te mostrare los controles.
Antes de irse, Dione se despide de Lucio con una reverencia. Este inclina levemente la cabeza a su vez.
Escucha su voz en el fondo del pasillo y las especificas indicaciones de Simón; no se levanta de su sillón pues aún tiene la esperanza de que se arrepienta a última hora. Pero el sonido de la escotilla y el desacoplamiento de la cápsula le indican que no hay vuelta atrás.
Desde un monitor observa el vehículo alejarse y desaparecer de su vista a gran velocidad. La cápsula ha salido de la singularidad y les es imposible rastrearla.
Simón regresa al salón y se vuelve a colocar en su lugar habitual. No toma ningún libro, tan solo se lleva a los labios una de las patas de sus anteojos.
― Hubiera apostado que el muchacho se quedaría; ― comenta Lucio, ― digo, habiendo conocido al verdadero Dione.
― Era tan verdadero como cualquiera; incluso el cocinero de una nave espacial debe tener espíritu de aventura.
― Espero que le halla ido bien, supongo que en estos momentos habrán pasado cinco generaciones. A propósito, ¿Cuándo tendrás la siguiente cápsula?
― En veinte días, pero en esta ocasión a mi me toca escoger al tripulante.
― ¿Uno que quiera quedarse?  Deberíamos olvidarnos de eso, ¿Cuántos se han ido?
― Al menos uno decidió quedarse.
― ¿ Que quieres decir? Yo fui el que te materializo.
― ¿Tu? Pero si no sabes utilizar la maquina.
― Por eso necesitaba al oficial de aprovisionamiento.

Y así prosiguió la única discusión en la que nunca se habían puesto de acuerdo: Quien creo a quien.

sábado, 5 de octubre de 2013

LA ESPOSA DEL ACROBATA

El circo ya no es lo que era, piensa Esther mientras zurce las mallas de su esposo; sentada en el estribo de la puerta corrediza de la combi 75 que es su hogar. La función esta por comenzar y Ernesto hace sus ejercicios de calentamiento.
Durante la función anterior las mallas blancas de su esposo se rompieron en la entrepierna, mientras brincaba entre aros encendidos. El muy bruto no se los dio antes porque se emborracho hasta vomitar después de la función.
Esther no sabe porque sigue amando a ese  hombre: borracho, mujeriego y que cada año pierde habilidad y aumenta de peso. Es un hecho que Ernesto no quiere aceptar, esta llegando a la edad del retiro, después no saben que hará.
Dando piruetas Ernesto se acerca para recoger sus mallas, impúdicamente se desnuda y se viste a los cuatro vientos en unos instantes. Le da un beso a Esther y se aleja rumbo a la carpa raída instalada en el camellón de una avenida.
Esther no ve el acto de Ernesto, no soportaría verlo caer del trapecio.
 ― ¿Cómo estuvo la función? ― Pregunta al regresar Ernesto.
― Estuvo bien, ahora vente.

Se suben Ernesto y Esther a la combi 75 y follan toda la noche. Mientras las luces del circo se apagan y la avenida queda desierta.

jueves, 26 de septiembre de 2013

CONSEJO

Mientras medita, Libodio recibe la visita de su padre, muerto
mucho tiempo atrás.
La imagen ectoplásmica del anciano flota cerca del techo de la habitación.
― Vengo a darte consejo en estos momentos de angustia, hijo mío. Solo escucha y no digas una palabra.
Antes de  poder pensarlo, como un reflejo instantáneo, Libodio replica retador.
― Pero ¿Porqué?
El espectro paterno arde como las llamas de la ira.
―¿ Lo vez ?  Nunca me escuchas y haces lo contrario a lo que te digo. ¡Encuentra las respuestas tu mismo!
La aparición se desvanece en el aire dejando la habitación en una profunda oscuridad.
Desde entonces Libodio pasa las noches en vela, invocando al espíritu de su padre, esperando que alguna vez este regrese para darle su orientación.


domingo, 8 de septiembre de 2013

CUENTO ROSA

Por fin vacaciones, el anhelo al final de un día de trabajo agotador, el pretexto más agradable para ahorrar las quincenas; la oportunidad que Catalina esperaba para cambiar sus perspectivas.
Son sus primeras vacaciones sin esposo; le acompaña su hijo Guillermo.  En casi diez años de matrimonio en contadas ocasiones salieron, a lugares que él escogía y que a ella le resultaban tan tediosos. Recuperada su libertad, ahora puede elegir a donde ir y que hacer.
En la terraza de su cuarto siente la brisa marina, le revuelve el cabello y hace ondular su ligero vestido. La vista de la bahía fascina a Catalina, el mar azul, las doradas playas, las espumosas olas; aspira el aroma del mar con un profundo suspiro y se convence ella misma que se encuentra allí.
Sobre la cama están las maletas, aún sin desempacar, Catalina se ocupa en sacar el equipaje. Guillermo entra corriendo desde el cuarto contiguo, vistiendo su traje de baño.
― ¿Ya podemos ir a la alberca Mami?
Catalina toma en los brazos a su pequeño hijo, le da vueltas riendo y se tira en la cama.
― No seas tan apresurado, primero tenemos que guardar la ropa.
― Ya quiero ir.
― Vamos a tener mucho tiempo para estar en la alberca, y también en la playa, no te desesperes.
Se levanta y abre las Maletas.
― Vamos, ayúdame con esto.

La gente se reúne alrededor de la piscina del hotel; mujeres en bikini, muchachos ardientes que corren, saltan y revolotean alrededor de ellas, familias que pasan unos buenos ratos juntos, y también los solitarios, que quizá esperen que el amor los encuentre bajo los rayos del sol.
Guillermo chapotea en la orilla de la piscina, con sus flotadores en cada brazo, practica las zambullidas salpicando a los bañistas de alrededor. Todo el tiempo bajo la atenta mirada de su madre, quien reposa lánguidamente en un catre cercano.
El niño sumerge la cabeza y cuenta bajo el agua, llega hasta veinte, todo un record para él; se asoma hacia afuera para anunciar su hazaña a su madre; se da cuenta de que ya no le pone atención. Un hombre la acompaña, acuclillado junto a su catre.
Su nombre es Omar; a Catalina le parece de lo más simpático; se acerco con cualquier pretexto, recogió una pelota que cayó cerca, ella sabe que la lanzo con toda intención, entonces la plática surgió espontáneamente.
― ¿En que trabajas?- pregunta él.
― Soy Administradora de Recursos Humanos, y empeño mi alma en una oficina todos los días de ocho a cinco.
― ¿Te molesta hablar del trabajo en vacaciones?
― No te preocupes, así puedo pensar en lo que estaría haciendo allá, y estirarme sin preocupaciones, porque será otro a quien los problemas le quiten el sueño.
Se miran los dos a los ojos y surgen las sonrisas.
― ¿Entonces vienes solo? ― Pregunta Catalina.
― Venimos un grupo de amigos, tu sabes; un día alguien tiene la idea de reventársela en la playa y un rato después todos se alistan para venir.
Un chiquillo con flotadores azules y escurriendo agua se interpone entre los dos, sentándose al regazo de Catalina.
― Memito, ya me mojaste, sécate con la toalla.
― ¿Es tu hijo? ― Pregunta Omar viendo como Guillermo lo mira de modo agresivo.
Un silbido desde el otro lado de la alberca hace que Omar volteé.
― Me están llamando, ¿podré verte después?
― Claro, estamos hospedados en este hotel.
― Entonces nos veremos luego, chao.
Catalina toma una toalla para secarse ella y Guillermo, de reojo mira a Omar.
― ¿Ya vez lo que haces? ― Le reprocha a su hijo sacudiéndole el cabello con algo de rudeza; el niño tan solo sigue viendo, hostil, a Omar alejándose.

En la tarde Catalina y Guillermo almuerzan en el restaurante del hotel. Ella no se decide a ordenar, repasa la carta una y otra vez con la mano en la barbilla.
― Te recomiendo la parrillada de mariscos. ― Dice una voz detrás de ella; voltea para encontrar al sonriente Omar.
― Hola, ¿como has estado? ¿Quieres acompañarnos?
Guillermo mueve la cabeza negativamente, tratando de llamar la atención de su madre, moviendo los labios sin hablar, diciendo: no, no, no.
― Será un placer, con tan distinguida compañía.
― Mi papá es muy fuerte y grandote, y tiene muy mal humor. ― Dice Guillermo a Omar nomás este se ha sentado.
― ¡Memito!, ¡por favor! ―Le reprende Catalina.
― ¿Tu papá? ¿Tu esposo? ―pregunta Omar.
― Estamos divorciados - Aclara Catalina; en el rostro de Omar se refleja su alivio.
La conversación trascurre sucesivamente de la vida de ella a la de él. Catalina le cuenta a Omar como su esposo se opuso a que reanudara sus estudios universitarios y como la amenazo: "la escuela o yo".
― La escuela gano, ¿verdad?
― Pues si, no me arrepiento, pero si fue duro tomar la decisión, tu sabes, por los pequeños grandes detalles.
Omar asiente y voltea a ver a Guillermo, que se entretiene sacando los chíncharos del guisado.
― Comete toda la verdura. ― Le ordena Catalina, y el niño obedece.
Omar cuenta como siguiendo los deseos de su familia estudio ingeniería, y como al cabo de varios semestres de frustraciones e indecisión opto por seguir su vocación, el dibujo; ahora es diseñador gráfico.
― Mi papá es abogado y sabe como meter a la gente a la cárcel. ― Interviene amenazante Guillermo una vez más.

― ¿Tienes planes para más tarde? los cuates y yo vamos a ir a la laguna, podrías venir con nosotros.
― Mamá me prometiste que me llevarías. ― Replica Guillermo sin darle tiempo de responder a Catalina.
― Lo siento Omar, pero le dije a Memito que iríamos a ver el show de los delfines.
― No te preocupes, podríamos salir en la noche, a la disco por ejemplo.
― Me gustaría, pero sabes que no puedo dejar solo al niño.
Catalina mira desanimada al suelo, Omar piensa.
― Ya sé, ¿Porque no vamos de paseo en el yate, sale a las ocho.
― ¿Nos vemos en el embarcadero entonces?
― Tú lo has dicho, hasta luego.

El navío partió, iluminado con cientos de focos sobre la cubierta, dejando un rastro de espuma y de luces sobre la superficie del mar.
Guillermo, fascinado, observa la bahía desde la borda del yate; Omar y Catalina, al fin con un poco de intimidad, pueden hablar cosas del amor.
Una espléndida luna llena se eleva sobre la bahía inundando el ambiente con su luz platinada.
La orquesta empieza a tocar música romántica; como si fuera entre sueños, la pareja es arrastrada por el embrujo musical hasta la pista de baile.
Pieza tras pieza, Omar y Catalina bailan cada vez más juntos. Es el momento adecuado, se besan por primera vez, tímidamente, sin saber cual será la reacción del otro; a continuación el siguiente es largo y apasionado.
Un pequeño bulto se escabulle entre los dos; es Guillermo, que abrasa a su madre por las piernas, como si quisiera bailar solo él con ella. Una alegre y sincera risa surge al mismo tiempo de la pareja.

De regreso al hotel; Omar carga a Guillermo, esta rendido y duerme profundamente. Catalina busca la llave del cuarto, abre la puerta y recibe de Omar a su hijo. Después de acostarlo en su cama ella regresa a la puerta, donde Omar la ha esperado, ambos se ven, de repente se han quedado sin palabras.
― Entonces, ¿quieres pasar?
― ¿No habrá problema con el niño?
― Duerme, y no va a despertar.
Omar entra en el cuarto de Catalina, y las luces se apagan.

Catalina despierta al día siguiente, la luz del sol entra por las ventanas; encuentra a Guillermo jugando en su cuarto.
― Memito, quiero hablar contigo, ― el niño pone atención a su madre.
―Hoy vamos a pasar todo el día con Omar, no quiero que vuelvas a hacer otra de tus groserías, ni a mencionar a tu padre.
― Pero Mamá.
― No hay peros, esto es muy importante para mi, y lo es también para ti, así que harás lo que te digo.
― Sí, Mamá.
Catalina cae en cuenta del juguete con el que Guillermo ha estado jugando.
― ¿De donde sacaste eso?
― Estaba allí tirado, cerca de la puerta.
― Damelo, esto no es un juguete.
― ¿No?, entonces ¿que es?
― Es... este... es un globo, nada más.

Los siguientes días resultaron idílicos para Catalina.  Guillermo poco a poco fue aceptando la presencia de Omar, incluso en ocasiones llego a reír gracias a la simpatía de este.
Pero como siempre, los nubarrones fueron cubriendo su cielo azul; con creciente angustia Catalina se da cuenta que el dinero se le agota; no podrá prolongar mucho tiempo sus vacaciones, el retorno es inminente.
Contemplando el atardecer sobre el mar Catalina no puede contenerse más.
― Mañana nos vamos. ― Dice.
― Oh, creí que solo Guillermo iba a llorar. ―Omar enjuaga las lágrimas de Catalina.
― Allá las cosas son tan distintas; vivimos tan separados.
― Yo te iré a visitar tanto cuanto pueda.
― ¿Y si no funciona? ¿Como sabré que mañana me has de querer igual?  Quizá la mujer que conociste aquí no sea la misma que todos los días trabaja y lucha por mantenerse.
― Me gustas así como eres, lo demás no importa, encontraremos la manera, ya lo veras.

El sol se oculta en el mar, las nubes, como si fueran brasas, refulgen en el cielo y en el mar, extinguiéndose poco a poco. 

miércoles, 7 de agosto de 2013

LA CABAÑA DEL LOBO


Los insectos nocturnos zumban y chirrían entre las ramas de los árboles en una gran variedad de tonadas.  Hacía todas direcciones la luz de la linterna ilumina los mismos troncos cubiertos de musgo; y la neblina que va deslizándose entre las ramas, envolviéndolo todo con su aliento helado.  Gustavo y Leonor caminan por el sendero, buscando alguna roca o un arbusto familiar que les indique el camino de regreso al campamento.
― Tengo frió. ― Se queja Leonor.
― Si, mi amor, ― responde Gustavo, ― yo también, pero tenemos que seguir moviéndonos hasta encontrar el campamento.
― Estamos perdidos Tavo.
― No te desesperes, no debemos estar lejos.
Cuando Gustavo se alejo para buscar leña, cargo con su linterna; pero esta fallo cuando traía algunas ramas a no más de cien pasos de la tienda de campaña y la fogata. Al principio Gustavo pensó que no sería difícil reencontrar el camino de regreso, pero le sorprendió la rapidez con la que uno se puede desorientar en la oscuridad absoluta.
Sabiendo que no estaba muy lejos y pensando que entre mas caminara podría alejarse más, empezó a llamar a Leonor, esperando que al responderle pudiera orientarse.
Escucho a Leonor que le respondía, y vio la luz de su linterna; se encontraron  en medio del bosque, después de que ella se alejara a buscarlo al tardar en regresar.
Siguieron el camino que Leonor tomo para buscar a Gustavo, pero en ese momento, con una brisa helada, una espesa neblina descendió sobre ellos, envolviéndolos con una pantalla blanca que no les permitió ver mas allá de algunos metros.
 Gustavo intenta mantener el optimismo, pero sabe tan bien como Leonor que no podrá regresar al campamento en medio de esta niebla, además es probable que la fogata se haya apagado por falta de leña en este tiempo que llevan fuera.
― ¿No traes algunos cerillos Leo?
― No, los deje en el campamento, ¿tu tampoco traes?
― Vaya campista que resulté, si tuviéramos cerillos haríamos aquí mismo una fogata.
― ¿No puedes encenderla con unas piedras o algo así?
― Todo esta mojado alrededor, aunque supiera cómo, no encendería.
Sus pasos les llevan hasta una cerca de madera.
― ¿Recuerdas estos troncos?  ― Pregunta Leonor.
― Para nada, debemos estar ya bastante lejos de la tienda. Creo que lo mejor será seguir la cerca, a ver si encontramos la carretera.
Caminan, sintiendo como el frío arrecia. Al dar vuelta a la esquina, encuentran una vereda; con renovada esperanza se dirigen a ella y toman una de las dos direcciones al azar.
― ¿Hueles? ― pregunta Leonor. ― Huele a leña, debe haber alguna casa por aquí.
Siguiendo por el camino encuentran un letrero que dice:
“Bienvenidos a la cabaña del Lobo, rica barbacoa todos los fines de semana”.
Entre la niebla, en un claro del bosque, encuentran una cabaña con chimenea que lanza un humo espeso que se escurre hacia el nivel del suelo. Por las ventanas se puede ver el resplandor de velas en su interior.
Gustavo y Leonor se dirigen a la puerta, con las manos y los pies entumecidos por el frío.
Tocan a la puerta, dispuestos a rogar por albergue por lo que resta de la noche.
Una mujer abre la puerta, y antes de que Gustavo o Leonor digan algo, les deja pasar, incluso los apresura para que entren antes de que el frió se cuele al interior.
La pareja entra y tardan unos instantes en darse cuenta de lo que sucede en el interior.
Una docena de personas sentadas alrededor de la habitación iluminada con cirios, murmuran entre si, cubiertos con chamarras o chales oscuros. En el cuarto de al lado esta una caja con la tapa abierta. Es un velorio.
Sin que nadie les pregunte nada, una señora les acerca un par de sillas y los ubica en una esquina de la habitación.
Leonor da las gracias, pero se acerca a la chimenea y extiende sus manos para calentarse.
Gustavo da un vistazo alrededor, se da cuenta que la habitación es un amplio comedor, un par de puertas abren hacia un jardín frontal, donde puede ver entre la niebla un columpio.  Este era el restaurante que indicaba el letrero en el camino: “La cabaña del lobo”  y el difunto es...
Leonor se sienta a su lado, intimidada por la extraña situación.
― Tengo miedo Gustavo.
― No hay nada que temer, mi vida, tan solo es un velorio.
Pasa el brazo sobre su hombro para abrazarla, y se da cuenta que la gente lo voltea a ver.
Pensando rápidamente, toma con suavidad la cabeza de Leonor y la recarga sobre su hombro. Las miradas desaprobatorias se vuelven compasivas  y se desvían.
― ¿Qué te pasa? ― reclama ella.
― Shhh. Solo finge tristeza, nadie espera otra cosa que un poco de congoja, así podremos quedarnos hasta que amanezca.
Un rato después ofrecieron café con canela en jarros de barro; tanto Gustavo como Leonor los tomaron con silenciosa satisfacción.
En voz baja los asistentes conversan; Gustavo intenta escuchar lo que dicen, pero se percata que hablan otomí o algún otro idioma indígena. Con las señas y el tono en el que habla una señora, deduce Gustavo que esta narrando las circunstancias por las cuales falleció el difunto.
A lo largo de la noche fueron llegando otras gentes, algunas fueron hasta la caja a dar un vistazo al difunto y enjugarse las lágrimas frente a él.
Gustavo sintió la curiosidad de acercarse a mirar, pero Leonor le detuvo cuando pretendía levantarse.  Ella aún miraba con desconfianza a la gente alrededor.
Las señoras empezaron a rezar, en aquel idioma que se parece al canto de las aves; poco a poco el sueño los empezó a abrumar, y aunque hicieron el esfuerzo por permanecer despiertos, terminaron por dormirse, allí donde estaban, sentados en un rincón del comedor de la cabaña del Lobo.
Cuando despertaron, sobresaltados, la gente dentro de la habitación se había multiplicado, afuera un grupo de hombres encendieron antorchas y todo el mundo se levanto de sus sillas.
Respetuosamente vieron como levantaban entre seis jóvenes la caja para sacarla por la puerta frontal; en el lugar donde estuvo la caja un hombre dibujo una cruz de cal en el suelo.
La gente salió en procesión detrás de la caja.
― Creo que lo van a pasear por el pueblo antes de llevarlo al panteón, no debe faltar mucho para el amanecer.
Antes de que salieran de la cabaña Leonor le habla a una señora que le parece haberla escuchado hablar en español.
― Ay señora, perdónenos por favor, ― Explica Leonor. ― Estábamos acampando y nos perdimos en el bosque, no teníamos a donde ir más que aquí.
― ¿Dónde estaban acampando?
― En el valle del castaño. ― Indica Gustavo.
― ¡Juan! ― Llama la mujer: un muchacho se acerca; Le da instrucciones en aquel idioma.
El muchacho les hace señas de que lo sigan.
― No sabe cuanto se lo agradecemos. ― Le dicen a la señora, la cual solo levanta la mano y se va tras la procesión.
Siguiendo a su joven guía, Leonor y Gustavo suben una pequeña loma por una pequeña brecha, en diez minutos se encontraron en el claro donde acamparon.
La tienda sigue de pie, pero la fogata se ha extinguido.
El joven se da la vuelta y regresa por el camino por el que llegaron antes de que le puedan dar las gracias.
Gustavo re-enciende la fogata; se meten a la tienda para dormir.  Rápidamente caen en un sueño profundo, pero Leonor despierta a Gustavo. ― ¿Escuchas?
Fuera de la tienda se escuchan los pasos furtivos sobre la hierba de algún animal que merodea alrededor de la tienda.

Los dos permanecen en silencio mientras escuchan aquello que se va acercando.