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UNA ESPERA DE MIL AÑOS

Un año más, como es tradición un cuento especial para celebrar. Este relato es continuación directa del cuento "Una misión de rutina". Les recomiendo leerlo antes de empezar con este.

Las luces del salón se encienden sin titubeos, iluminando una mesa de inoxidable acondicionada
 como quirófano y en cada una de las paredes laterales cinco cámaras criogénicas individuales.  Aron recorre el salón hasta llegar al otro extremo. Activa los controles, se encienden los monitores junto a cada cámara. Inicia el autodiagnóstico del sistema. Docenas de micro-robots emergen de nichos en la pared e inician el proceso de limpiar las superficies del salón.  Aron desliza un panel revelando el entramado de conductos y cables que se extienden tras las asépticas paredes del recinto.

Satisfecho comprueba que la alimentación eléctrica funciona perfectamente. Escoge dos cámaras, la última y la penúltima del lado izquierdo, la suya será la más cercana a la consola de control. Abre la tapa de la cámara y observa en su interior.
Pone la mano sobre la superficie acolchada, esta se adapta a la forma de su palma.
Por un momento Aron se pone a imaginarse lo que será levantarse de la hibernación prolongada, con los músculos atrofiados, tratando de pararse en un estado semi congelado, desorientado, sin recordar porqué se está allí. Pero el recordar le haría perder el equilibrio. El mismo al pensar en ello decide sentarse.
Han pasado varias semanas a la deriva. Los sistemas dañados por el arma irda han sido reparados, pero el sistema de navegación aún no determina en que región de la galaxia se encuentran; lo único que saben es que están muy muy lejos  del espacio conocido.
Las comunicaciones son otro problema. A pesar de que el trasmisor y el receptor de subespacio parecen funcionar perfectamente no reciben siquiera el ruido de fondo de las trasmisiones humanas.
― Un cumulo estelar denso puede desviar las señales si nos encontramos tan lejos. ― Reflexiono Aron. ― Como el cúmulo que tenemos a pocos años luz de distancia. Si el espacio conocido está en esa dirección entonces solo tenemos que atravesar el cumulo para obtener comunicación.
― No necesariamente, ― Respondió la capitana después de pensarlo. ― Si hubiéramos cruzado el centro de la galaxia estaríamos igualmente aislados. La única forma de obtener recepción garantizada es movernos lo más posible en perpendicular al plano galáctico.
― Pero no tenemos suficiente combustible.
― No, no es suficiente, lo único que se me ocurre es movernos lo más arriba que podamos. Activar el faro de rescate y esperar en hibernación.
“Esperar en hibernación”. Repite Aron involuntariamente, sentado sobre la cámara criogénica, abstraído en pensamientos.  Lo aterroriza la imagen de las cámaras de hibernación flotando entre los escombros de la nave destruida. La certeza de que al despertar todo lo que ha conocido habrá desaparecido y su época olvidada le provoca un hueco en el estómago. Piensa que cuando le toque despertar para supervisar las condiciones de la nave, muchos años en el futuro, estará más solo que cualquier hombre en el universo; se pregunta si tendrá el valor de regresar a la cámara criogénica y evitar la tentación del suicidio.
Aron se levanta y aparta esos pensamientos. Cierra la tapa de la cámara y sale del salón.

Hace mucho tiempo que Gilda no soñaba con Saxon Toffler  su pueblo natal. En sueños recorre la calzada que va de su casa hasta el centro del pueblo. Las casas dispersas con techos de dos aguas, la torre del ayuntamiento y más lejos los altos edificios del puerto espacial. Pero no se dirige para allá. Ahora se encuentra en el aeródromo para su clase de pilotaje. Tiene solo doce años de edad y esta ante los controles de la vaina de entrenamiento, una Paecer setenta y seis de dos plazas con cuatro turbinas móviles.
Escucha la voz de su instructor dándole confianza desde el asiento trasero. Enciende los motores y aumenta la potencia. Se elevan, hace la transición a vuelo horizontal y poco a poco ve como se alejan los techos de Saxon Toffler y vuela sobre las colinas. La voz de su instructor la felicita: ha completado su primer despegue.
Despierta Gilda con un sobresalto. Se ha quedado dormida frete al tablero de control. Escucha los pasos de aron acercarse al puente.
― Reportándome, listo para el servicio. ―  Dice el habitual cantico Aron a espaldas de Gilda. Ella se reacomoda en el sillón antes de contestar.
― Adelante Aron.
Toma su lugar e inicia la revisión de rutina, enumerando cada uno y su estado.
― ¡Por el amor de dios! ― Exclama Gilda exasperada. ― Todos los sistemas están en orden, ¿Puedes dejar eso de una vez?
― Si usted lo ordena Capitana.
― ¿Qué es lo que les meten en la cabeza en la academia?
― No vengo de la academia, señora, ― Replica Aron con humildad, ― nací en una nave espacial, fui grumete desde los diez años.
― Me disculpo por mi falta de tacto, puedes proseguir con la revisión.
Aron va enumerando cada uno de los sistemas, enfatizando su estado, “comunicaciones: nulas”  enuncia rápidamente.
―Navegación, funcionando; aún no hay resultado de nuestra ubicación. Aron hace una pausa y voltea hacia Gilda.
― ¿Cómo es posible que llegáramos tan lejos que no podamos ubicarnos todavía?
― Alguna vez un capitán me dijo que todas nuestras naves están programadas para limitar su alcance y velocidad. ¿El motivo? Para evitar que las naves y sus tripulantes se escapen más allá del espacio conocido. Creo que cuando no teníamos el control de la nave le fueron retiradas esas limitaciones. Nuestro problema es que ahora no podemos acceder a esa capacidad de los motores.
Sin decir más, Aron prosigue con la enumeración de los sistemas hasta terminar.
― Señora, he revisado el funcionamiento de las cámaras de hibernación, se encuentran en perfecto estado.
― Ponlas a prueba, hasta que las necesitemos, no quiero que vayan a presentar un desperfecto.
― Hay un problema señora, las diez cámaras son adecuadas para humanos o humanoides. No hay una cámara adecuada para un xenomórfo como el Ird.
― Lo mejor será hablar con él.

Albino permanece en su camarote desde que Aron lo introdujera desde la cámara estanca. Pidió que se le permitiera usar parte del traje espacial, pues hasta entonces había permanecido desnudo. A la vista de Gilda ha dejado de ser una bestia salvaje, ahora parece extraño, pero civilizado.
Ha dedicado su tiempo a pintar sobre las paredes del camarote símbolos Irda.
Desde la ventanilla de la escotilla Gilda observa a Albino, de cuclillas dándole la espalda, dibujando en la esquina de la habitación un arreglo de símbolos en espiral. Sostiene un pincelografo curvo en cada garra, usando la diestra para el lado derecho de la espiral y la zurda para la izquierda. De rato en rato se detiene, observa lo que ha escrito y prosigue con meticulosidad.
Accionando el traductor universal, sujeto al lado derecho de su cabeza, Gilda le llama a Albino.  Este voltea, con su rostro de ave inexpresivo, coloca los pincelografos sobre la cama que utiliza como mesa y se acerca a la escotilla.
― Saludos capitán, reciba mi respeto.
― Saludos albino, tengo noticias y debemos hablar.
― ¿Puedo decir algo antes capitán?
― De acuerdo albino.
― No había tenido la ocasión de agradecerle que intercediera por mí, sé que el deseo del piloto era dejarme fuera de la nave pues aún guarda rencor por el primer malentendido, también me disculpo por ello, entonces no entendía su comportamiento.
― ¿Quieres decir que ahora lo entiendes? ¿Has estado leyendo nuestras mentes?
― Los Irda escuchamos los pensamientos de nuestro alrededor, he ido entendiendo los suyos desde que utiliza el aparato para hablar conmigo.
“Eso es malo”, piensa Gilda, aunque no es algo que deba preocuparle en este momento.
― Tengo que decirte Albino que no podemos llegar a nuestro destino. Hay un procedimiento para que Aron y yo durmamos durante años esperando que algún día nos rescaten, pero en tu caso no podemos hacerlo.
― ¿Qué es lo que harán conmigo?
― Solo puedo dejar que te quedes encerrado, o puedes terminar tu vida si así lo deseas.
― Podrían dejarme en algún planeta, donde pudiera sobrevivir por mis medios.
― Lo sé, pero las probabilidades de encontrar un mundo así son muy escasas, créeme que yo preferiría  hacer eso que dormir. Pero si casualmente se presentara la oportunidad te prometo que lo hare.
― Entonces tengo otra petición que hacerle capitán. Si es inevitable, entonces prefiero que usted acabe con mi vida, sería un honor para mí que tuviera tal consideración.
― Gracias Albino, no me agrada la idea de matar, pero tendré en cuenta tu petición.

Siguieron largas horas de preparación, Gilda actualizo la bitácora, grabo mensajes para el mando de la flota y para sus familiares. Le pidió a Aron que hiciera lo mismo a lo cual se negó respetuosamente. Le preparo una cena especial a Albino y le pregunto si había algo que quisiera antes de partir.  El ird no respondió.
― Estamos listos. ― Dice Aron desde el puesto de mando, tiene la mano sobre el botón de encendido y en el monitor se ve la trayectoria preestablecida. Aron espera la orden de avanzar, pero Gilda permanece un largo rato en silencio.
― Quiero hacerte una confesión Aron, yo tampoco fui a la academia. Soy de un planeta fronterizo, muy lejano para enviarme a estudiar, aprendí con los viejos capitanes que allí vivían y fui ascendiendo en las naves de carga; este viaje era mi primera asignación como capitán.
― ¿Puedo decir algo señora?  Usted ha hecho un excelente trabajo, seguimos vivos todavía señora, eso es un gran logro, gracias a usted.
¿Pero si estoy cometiendo un error? ― Se dice Gilda asi misma ―Quizá hay algo que he pasado por alto y por negligencia estoy condenándonos a un destino terrible.
― Cancela todo, esperaremos un día más.
Gilda se levanta y sale del puente.
En su camarote se tira sobre la cama; esta tan alterada que no podría cerrar los ojos. Pero apenas unos instantes después cae en un profundo sueño.
Se encuentra frente a la consola control. “Genial antes dormía en el puente, ahora sueño que estoy en el puente”.
― Muy bien Gilda, lo hiciste muy bien.
Se levanta de un brinco, no hay nadie atrás de ella. No es un sueño común, se siente más despierta que nunca,  puede  darse cuenta que se encuentra en un sueño, más vivido y nítido que cualquier otro. Y la voz que escucho, es la de su instructor de vuelo en Saxon Toffler.
― Has hecho un buen trabajo Gilda.
― ¿Quién está ahí?
― No tengo una forma física que puedas ver Gilda, tome prestada esta voz para poder hablar.
― ¿Quién eres? ¿Dónde estamos?
― Esto es tu mente Gilda, no tienes nada que temer. En cuanto a mí, soy una inteligencia pura, sin ataduras materiales, vivo libremente en el universo sin las limitaciones de lo que llamas física.
― No te creo, esto es uno de los trucos mentales del Ird.
― Tu creencia o falta de ella no altera mi existencia, únicamente quiero hablar contigo, ¿Qué mal puede haber en ello?
― Eso depende de lo que vayas a decirme.
― Entonces te diré: Tal como lo sospechas no fue un accidente que la nave viajara sin control. Es parte de un elaborado plan.
― ¿Un plán? ¿En qué consiste?
― Hace siglos que un pequeño grupo en la tierra utiliza a clarividentes para visualizar el futuro, han dirigido la historia a su conveniencia, alterando los eventos de manera que puedan obtener beneficios de ellos. Hace algún tiempo vieron la posibilidad de una guerra entre la Irda y la humanidad, se han empeñado en que esta suceda pues les permitirá  recuperar el control militar de los mundos periféricos que cada vez se han mostrado más independientes. Saben que habrá resistencia entre los colonos, por eso han decidido eliminar a los más notorios opositores en ese futuro. Tú Gilda Moureau eres uno de los líderes, la amenaza principal a sus intereses.
― ¿Se trata de mí? No puede ser cierto.
― Mucha gente va a morir Gilda, y muchos más sufrirán hambre y enfermedad.  La humanidad no sabe lo que es enfrentarse a la Irda, en ferocidad y crueldad pueden superar a la humanidad y su tecnología se encuentra a un nivel semejante.
― ¿Por qué no simplemente me mataron? ¿Por qué no hicieron explotar la nave?
― Porque la clarividencia no es una ciencia, no sabían quién eras hasta que te ascendieron a capitán para este encargo y el viaje rumbo a la tierra era la única oportunidad que tenían de eliminarte sin dejar rastros. Trasmitieron una orden secreta a la computadora de la nave con la instrucción de perderse para siempre.
― Me estás diciendo lo que ya he pensado, lo que quiero escuchar.
― Te cuestionaste tus decisiones, deseabas tener otra opción para sobrevivir, yo te la ofrezco.
― ¿Cuál es?
― Los Irda son una especie en un nivel tecnológico muy semejante al humano, pero han sobresalido en ciertos aspectos. Sus naves se han internado en regiones más lejanas y han convivido con diferentes especies viajeras. Hay numerosas frecuencias de subespacio que utilizan estas civilizaciones, si vas al camarote del Ird te las podré  mostrar.
El camarote de albino esta vacío, todas las paredes están pintadas con símbolos que Gilda no puede entender.
― Aquí, arriba del marco de la puerta, esas son las frecuencias que utilizan diversas especies.
Al mirar los signos, estos se trasforman en números, dispuestos en pares.
― Los izquierdos son la frecuencia, los derechos son el código de encriptamiento, su computadora puede descifrarlos.
― No he entrado en el camarote, no he visto lo que ha dibujado sobre la escotilla, ¿Cómo puede estar en mi mente algo que no he visto? Solo el Ird ha visto esto.
― El Ird es una criatura inocente, yo hice que escribiera eso. Alguna de estas frecuencias debe de servirles para pedir auxilio. Volveremos a hablar.

Sentado en el comedor Aron le da una mordida a una barra alimenticia y le da un trago a la taza de café.   Ha inventariado las provisiones, pronto tendrán que racionar si no emprenden camino. La capitana, mal vestida y despeinada se asoma a la puerta del comedor. Aron se levanta de inmediato y casi se atraganta con la barra alimenticia.
― Aron, carga un arma y sígueme al camarote de albino.

La escotilla se abre, Albino se despierta sobresaltado, rápidamente deja su percha y se pone de pie sobre el piso. Gilda entra y con el brazo le indica que se haga para atrás. El ird obedece.  Gilda voltea a ver sobre la puerta y encuentra los mismos dibujos que vio en el sueño.
― ¿Qué significan? ― Pregunta ansiosa, pero el ird permanece inmóvil en un rincón de la habitación. Se da cuenta Gilda que no trae puesto el traductor.  Se lo pide a Aron.
Sin entender que pasa, Aron se lo da en la mano, sin dejar de apuntar su arma.
― ¿Qué significan esos dibujos?
― Son números, capitán.
― ¿Por qué los dibujaste?   ― Albino tarda en responder, es una situación que le desconcierta.
― No lo sé, seguía un impulso, no había pensado en ello.
― ¿Has estado jugando con mi mente? ¿Me estas manipulando?
Albino se recuesta en el suelo, extiende sus brazos en forma de cruz y sume su rostro contra el suelo.
― No capitán, sería una afrenta imperdonable a su autoridad. Estoy dispuesto a lo que usted ordene.
― Dime que números son. Aron, anota lo que te vaya dictando.
En el puente, Gilda y Aron permanecen expectantes mirando por la ventana el exterior.  Una nave de una civilización desconocida los contacto. El radar indica que se acerca y pronto estará a la vista.
Aron no dice nada, pero piensa que la historia que le conto la capitana es sumamente sospechosa, no solo teme, espera cualquier signo del control mental que el Ird ejerce sobre ella para actuar. No volverá a separarse de su arma.
Gilda aún trata de encontrar sentido a lo que ha pasado, también sospecha de albino, pero no encuentra razón para que no le dijera de las frecuencias y en cambio le pidiera que lo matara. Puede ser una mascarada, pero el instinto le dice que el Ird es sincero.

La nave aparece a la vista. Son dos cilindros metálicos con punta ojival que se desplazan unidos por un campo de fuerza. Pueden ver a sus costados cientos de ventanas, sus dimensiones son colosales. Un haz de luz surge de uno de los cilindros enfocando a su nave, es el mismo campo que mantiene unidos ambos cascos. Los cilindros avanzan y tras de ellos arrastran a la Ballesta.

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