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ALIMENTO AL FIN


― Es cierto, en el pasado, como especie, cometimos crímenes imperdonables. Conquistamos y saqueamos muchos mundos. Pero la nueva doctrina espiritual nos ha hecho ver nuestro error y estamos dispuestos a ayudar a quienes nos necesiten ahora.

Va diciendo el canciller Weo al embajador Humano mientras le muestra las instalaciones de un bunker de proporciones colosales.

― Para nuestro un pueblo es un verdadero placer ofrecerles acceso ilimitado a nuestras reservas estratégicas de alimento mientras logran superar su escasez de alimento.

Enormes puertas de cinco metros de grosor se abren ante el visitante dejando a la vista el almacén de alimentos: bloques de carne congelada de varios pisos de altura a lo largo de pasillos tan largos que su final se pierde de vista a la lejanía.

― En este sector espacial tenemos quinientos emplazamientos como este. ― Comenta el canciller con orgullo. ― Podremos alimentar a su población hasta que puedan volver a cosechar.

El embajador se acerca a uno de los bloques y hecha un vistazo a su interior.

― No podemos decirles de donde procede la carne. ― Dice lánguidamente, como si de un problema menor se tratara.

Dentro de los bloques, una multitud de rostros petrificados dentro del hielo, lo miran con horror congelado.

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