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EL CUERNO


Un año más, un nuevo cumpleaños, les dejo uno de mis cuentos favoritos.
La tarde ha traído consigo nubes oscuras que cubren la ciudad. Las banquetas aún están húmedas de la lluvia anterior. Algunos de los restaurantes y comercios ya están cerrando, un comedor vegetariano y su tienda naturista, del otro lado de la acera una librería baja su cortina.

Sonia camina por la acera y se detiene para ver la numeración de los edificios. Se cubre con un largo saco que le llega hasta las rodillas. Se dirige a una tienda cercana donde pregunta si esta cerca de la dirección que busca. El encargado la mira antes de responder, desde sus zapatos de tacón y sus medias oscuras hasta su rostro y su largo cabello negro.

― Es aquel edificio. ― Le dice, y no puede dejar de mirarla después de que le agradece y se aleja con gracia. El portero del edificio la deja entrar sin preguntar a donde va.

Sonia sube por una estrecha escalera hasta el último piso. En la puerta del departamento toca con tres golpes suaves. No hay respuesta. Vuelve a tocar un par de minutos después, con mayor fuerza. Acerca el oído a la puerta y escucha pasos adentro.

Insiste nuevamente, diciendo: ― Ábrame por favor, necesito una medicina.

― Ya cerramos, venga mañana. ― Se oye una voz grave detrás de la puerta.

― Por favor, me urge, tengo un enfermo que la necesita.

La puerta se entreabre, apenas lo suficiente para que el inquilino examine a Sonia.

Sus ojos son grandes y oscuros, rodeados de arrugas, unas cejas poco pobladas y unas bolsas que cuelgan del párpado.

― El vendedor ya se fue a casa, mujer; regresa por la mañana él te atenderá.

― No puedo esperar señor, tengo que llevarle la medicina a mi madre enferma, solo aqui la

puedo conseguir.

El hombre da un largo suspiro y cierra la puerta. Sonia se mantiene a la expectativa, oyendo los pasos dentro del departamento.

Momentos después escucha los cerrojos de la puerta abrirse.

― Pasa muchacha, no tengo mucho tiempo para atenderte, así que dime que cosa necesitas.

El hombre de algo mas de cincuenta años de edad, de cara redonda, algo pálido, lleva puesto una especie de sombrero, un turbante, que le cubre la cabeza hasta arriba de las cejas, muy abultado sobre su frente.

La habitación se encuentra cubierta de estantes y repisas con frascos y cajas de diversas formas y tamaños, hay un olor a hierbas, alcohol e incienso, por todos lados hay amuletos y figurillas de porcelana.

― ¿Tiene Raíz del misionero?. ― Pregunta Sonia tímidamente.

― ¿ Por eso me quitas el tiempo ?, ¿Cuanto quieres?.

Sonia no le responde, tan solo mira al hombre; de uno de los estantes toma una caja de cartón, la abre y saca una bolsa que contiene la raíz. Toma una bolsa de papel y espera la respuesta de Sonia.

―¿ Entonces que?, ¿La vas a llevar o no?.

― Usted es Don Pantaleón ¿verdad?

El hombre deja la caja y la bolsa, tuerce la boca en un gesto de enfado.

― Ya veo, viniste aquí a tratar de engañarme.

― No, le aseguro que todo es cierto, necesito una medicina para mi madre enferma, una medicina que solo usted me puede dar.

― Olvida lo que te han contado, no hay nada mágico en eso, solo estas perdiendo el tiempo.

― La gente que me mando dice todo lo contrario.

― Si, me imagino quien te habrá mandado, hay quienes pagarían una fortuna por él, pero puedes decirle que no va a obtener nada de mi, ya me canse de que me este molestando.

― Por favor, señor, solo necesito un poco, con un trozo pequeño bastara.

― No quiero hablar más de eso, vete muchacha que me quitas el tiempo.

Pantaleón abre la puerta y con suavidad empuja a Sonia, pero ella se resiste.

― Se lo ruego, le daré lo que usted me pida, solo un pedacito.

De su bolso Sonia saca un fajo de billetes que muestra a los ojos de Pantaleón.

― No seas ilusa niña, no podrías llegar a tentarme, siquiera.

― Tengo más. Del otro bolsillo extrae un collar de diamantes que igualmente le ofrece.

― Sal de una vez, que me vas a enfadar. Con delicadeza pero firme Pantaleón pone a Sonia fuera del departamento, ella aún se resiste y sigue rogando.

― Por lo que mas quiera, haré lo que sea.

Antes de cerrar totalmente la puerta Pantaleón afloja la fuerza con la que la empuja fuera.

― Lo que sea por un trozo, lo que usted me pida.

Con nuevo interés Pantaleón vuelve a mirar a Sonia desde la misma rendija. Sonia entiende lo que el hombre esta pensando, acaricia la mano con la que Pantaleón empuja.

Sin palabras la puerta se abre, Sonia vuelve a entrar, Pantaleón pone el cerrojo, medita, parado junto a la puerta.

― Entonces, esto es por lo que vienes.

Se quita el turbante, descubriendo su cabeza, y un cuerno que surge de su frente, cual unicornio.

Sonia lo mira con admiración, es del largo y el grueso de un dedo índice, blanco como hueso; a crecido en espiral como caracol marina.

― Es hermoso, ¿porque?.

― ¿Quieres decir que como me salió?, yo mismo no lo sé, un día me apareció una bolita dura en la frente y siguió creciendo; los doctores dicen que es una malformación, los religiosos dicen que es una señal diabólica, otros dicen que es un milagro. Durante algún tiempo viaje con un circo, ahí fue donde empezaron a decir que es mágico. Y la gente lo creyó, a cada rato llega alguien que quiere un pedazo de mi cuerno; dicen que tiene propiedades medicinales, que aumenta el vigor y no se cuantas patrañas más. Pero por mas que les explico que nada de eso es cierto, siempre llega un ingenuo como tu, dispuesto a todo por un trozo de magia verdadera.

Sonia lo mira pensativa, como si dudara entre la palabra de Pantaleón y su propia fe.

― Bien muchacha, ¿sigues tan segura de darme lo que quiera por un poco de mi tumor?.

Sonia se quita el saco y lo deja caer al suelo. Se acuclilla frente a Pantaleón.

― Espera niña. ― Dice excitado. ― Tengo un lugar especial para esto, sígueme.

Pasan a otra habitación a través de una cortina de cuentas.

El suelo entero esta cubierto por un colchón de pared a pared, encima hay mantas, almohadas y cojines. Pantaleón ajusta la luz de la habitación a una media penumbra, enciende un toca cintas y surge música hindú.

― Ten cuidado con el cuerno muchacha, una vez le saque el ojo a una mujer.

El acercamiento fue lento, pero tuvieron sexo intenso y prolongado, ambos conocían las técnicas del Kamasutra.

Acostados uno junto al otro se toman un respiro.

― Hace tiempo que no me sentía tan bien. ― Murmura Pantaleón-. ¿Porque no vienes mañana a esta misma hora?, veras lo que te puedo preparar, placer ilimitado.

Sonia sonríe, gira para colocarse sobre Pantaleón, lo besa girando el cuello para evitar lastimarse con el cuerno.

- Lo siento, únicamente son negocios.

Sonia agarra con su mano derecha el cuerno y con la izquierda se apoya en la cara de Pantaleón haciendo presión y asfixiándolo a la vez.

Se revuelca tratando de librarse, pero ella lo sujeta con todo su peso encima de él.

Sonia jala con todas sus fuerzas, Pantaleón lanza un grito de dolor y coraje cuando con un crujido se desprende el cuerno desde su base. Con un máximo esfuerzo logra liberar sus brazos, pero siente la punta del cuerno clavándose sobre su corazón. Se queda quieto. Sonia mantiene el cuerno presionando su pecho como una daga.

― Te vas a quedar ahí, sin moverte, hasta que yo me haya ido, o veras lo que te pasa.

Sin quitarle la vista de encima, Sonia se cubre con su saco.

― ¿Sabes?, ― dice Pantaleón con voz resignada, ― en verdad creí lo de tu madre enferma.

― La codicia es enfermedad del alma. ― Responde Sonia antes de salir.

― Fue tal como usted me dijo, maestra, aquí esta el cuerno.

Sonia lo entrega a una mujer madura que lo recibe con evidente satisfacción.

― Lo conseguiste entero hija mía, me has superado, felicidades.

― Tenía razón, su debilidad son las mujeres.

― Así es, Sonia, ahora debemos usar esto con prudencia, porque la próxima vez será más difícil de conseguir.

― ¿Acaso le volverá a crecer?

― Ya le ha crecido muchas veces antes, y le saldrá uno nuevo en poco tiempo; se volverá mas desconfiado; pero hoy has hecho un buen trabajo.

Sonia sonríe satisfecha de haber complacido a su maestra, una mujer con un solo ojo.

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