En mi caso, tenía una gran cantidad de cuentos archivados, el resultado de más de diez años de asistir regularmente a las sesiones de taller. Mi interés nunca fue recibir reconocimientos, es más, ni siquiera remuneración. La escritura para mí siempre ha sido la expresión de mi ser y, desde el principio, me he asumido como un escritor, un creador, no un comerciante de palabras. Aunque al principio no me preocupaba publicar, mis amigos me animaban a hacerlo. El argumento principal era que la publicación era la culminación del proceso. Continuar guardando el trabajo para mí es un absurdo y un desperdicio imperdonable, no importa que fueran buenos cuentos o no.
Así que sí, inicié el blog renuente y lleno de dudas, con un montón de cuentos por publicar y muchos otros que no serán publicados. En aquel momento los blogs personales estaban en auge y ciertamente no quería ponerme en la posición de mis compañeros que pagaron una edición limitada de sus libros que serían olvidados al poco tiempo. Un blog me permitía seguir trabajando en él a lo largo de los años, desviarme de los mismos temas si así me parecía y, así lo creía entonces, garantizarme una permanencia constante.
Si alguien algún día tiene la curiosidad de revisar las fechas de las entradas al blog, se dará cuenta de que fueron regulares por varios años hasta llegar al año 2019. A lo largo de todos esos años tuve periodos de escritura y otros de bloqueo creativo. Incluso varias veces me aparté de la presión de mantener actualizado el blog, pues nuevamente las circunstancias inevitables de la vida me apartaban de la escritura.
La principal causa de que dejara de escribir durante más de siete años fue que mi padre y mi madre requirieron de mi apoyo constante durante sus años de vejez. Es algo que uno va negando conforme se va presentando, hasta que un evento determinante te convence de que las cosas ya no volverán a ser iguales y tienes que asumir nuevas obligaciones. Cierto, muchas veces pensé que ellos me arruinaron la vida, pero, reflexionando con calma, las circunstancias me han dado cuenta de que volvería a hacerlo por ellos una vez más y que, si alguien va a arruinar su vida, ese soy yo, no ellos.
A final de cuentas, la pandemia se llevó a mi padre en 2020 y cinco años después mi madre dejó este mundo. Aunque en aquel tiempo varias veces intenté reconectar con mi creatividad, me sentía vacío, agotado; ninguna idea germinaba. Fue necesario pasar varios meses de duelo para por fin encontrar no solo el ánimo de escribir, algo que hacía años no experimentaba, sino también la ambición.
Sabía que después de tantos años de haber dejado de escribir y con tantas vivencias, ya no era el mismo y tampoco mi escritura sería la misma. Me acerqué de nuevo al medio y me encontré con cambios más profundos de los que me imaginaba. No solo estaba dominado por escritores más jóvenes, algunos de los cuales conocí como talleristas temblorosos; también había nuevas publicaciones y una fuerte competencia. Sin embargo, he notado en ellos no solo la inmadurez de la juventud: hay muy poca malicia literaria en la mayoría de ellos. Su prosa es efectista, sus personajes planos y sus atmósferas son copias de otros medios, no necesariamente literarios. Viendo ese panorama, decidí que mis fortalezas como escritor eran la persistencia y la capacidad de emprender empresas más ambiciosas.
Por eso decidí escribir una novela en abril de 2025, pero no cualquier novela: una space opera con héroes, especies alienígenas y mundos extraterrestres. Decidí dedicarle todo mi tiempo y esfuerzo hasta lograr el primer borrador en septiembre de 2025. Ha pasado un año justo desde que terminé esa primera versión y ya la he corregido en numerosas escenas y la he mostrado a los compañeros de taller. Aún le faltan agregados y correcciones; evidentemente, es lo más lejos que he llegado con una historia y, después de registrarla, tendré que sondear editoriales para publicarla.
En algún momento consideré publicar capítulos a través del blog, pero me han advertido que aún no es el momento. Pronto podré mostrarles, pero por mientras seguiré trabajando.

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