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SENTIDOS OPUESTOS

El mesero sirve las bebidas sobre la mesa; antes de tomar su copa, Bernardo mira la mujer que tiene enfrente: Su cabello castaño, largo y lacio, su amplia sonrisa;   su mentón afilado;   sus senos pequeños que se asoman por el   escote de su vestido negro. Sofía toma su bebida, lo que humedece sus labios. Bernardo desvía la mirada, algo ha llamado su atención al gran ventanal del centro de convenciones, y tras este, la pista del hipódromo aledaño; a lo lejos ve a los caballos en el arrancadero;  “número cinco; Gallardo, diez a uno”. Regresa la mirada a su acompañante: no hace falta que vea el desarrollo de la carrera. ― ¿Dijiste algo? ― pregunta ella. ― Oh nada, solo estaba pensando en voz alta. ¿Sabes? Si estuviéramos en el lado contrario de la pista le apostaría al numero cinco, pocas veces tengo una visión tan clara de un ganador. ― Eso es porque la carrera esta arreglada. ― ¿En serio? Supongo que alguien va a tener grandes ganancias. ― Puedes av...

EXPEDICIÓN AL RÍO SUBTERRANEO

Los cinco nos paramos al pie de una profunda barranca; en medio de un bosque seco y requemado por el sol en la sierra de Guerrero. Antes de bajar Bernardo nos lanza un discurso; una vez más confirmo que es un fantoche: ― A ver mariquitas: aquí empieza la aventura, no quiero que nadie se me raje a medio camino, ¿entendieron? Felipe es el primero. Se sostiene de las rocas dando la espalda a la barranca, desliza los pies en el vació del abismo. Encuentra con el tacto el tan esperado punto de apoyo: empieza a descender. Cuando Felipe va a medio camino Efrén hace otro tanto: después me toca a mi. Es angustiante pensar que si algo sale mal caeré más de cincuenta metros hasta el fondo de la barranca; por eso no pienso: me concentro en encontrar el escalón de hierro con la punta de mi zapato. Lo toco: suspiro de alivio; me deslizo aún con el alma en un hilo, mi otro pie se apoya: ahora el siguiente escalón. Al fin sujeto la escalera con mis manos: ¡Que bien se siente! Descien...

LIBROS PARA COMER, LIBROS PARA VIVIR

            Dentro de las paredes del sanatorio del perpetuo socorro hay un silencio roto por una voz femenina que pausadamente lee en una habitación. El resto del sanatorio esta vació: las habitaciones con camas perfectamente tendidas, la sala de espera, los consultorios y los pasillos. En numerosos rincones se ha trasminado humedad en las paredes y las bisagras de las puertas empiezan a oxidarse. Desde su oficina el Doctor Martínez escucha la voz de su enfermera apenas como un susurro. Por la ventana de su oficina entra la luz del crepúsculo; en unos minutos se hace la oscuridad.  El doctor apenas levanta la vista, esta absorto en las operaciones aritméticas, ayudado con una calculadora de bolsillo, anotando cifras en el libro de contabilidad, a cada momento los números se vuelven más alarmantes. Descansa la vista por un momento y limpia sus lentes con una servilleta: en ese momento percibe un aroma de incienso y copal que le resulta famil...

EL CUIDADO DE LOS OJOS

“Es inconcebible” pensaba Selene. “Nadie puede tomar este equipo obsoleto y llevarlo a la bodega”.  Ella tiene que cargar las cajas, subirlas al elevador y llevarlas hasta el sótano. Mientras desciende dentro de la cabina, rodeada de monitores, teclados y CPU´s Selene piensa en como pudo llegar a tal grado la escases de mano de obra que se ve obligada ella, una ingeniera en sistemas, líder de proyecto y jefa de departamento, a hacer el trabajo pesado que le correspondería a sus subordinados. No es que le canse cargar todo el equipo, siente que nadie la respeta allí, pareciera  que solo es una máquina más en esta compañía. Selene se ve el rostro en el espejo de la cabina: se lleva la mano a las arrugas junto a los ojos, con preocupación constata que la crema que se aplica todas las noches no esta desapareciendo su resequedad en la piel. Las puertas del elevador se abren en el nivel del sótano, tampoco allí hay nadie que le pueda ayudar. Bloquea el cierre de la puer...

¡LLAMAME!

En la oficina el día trascurre con la placidez de siempre; los empleados trabajan o fingen que trabajan, esperando que el reloj marque las seis. Raúl atiende sus tareas, pero desde el medio día no se le ve tranquilo.  Marca una y otra vez su teléfono celular y espera ansioso que Eva le conteste. Pero una grabación le contesta: el número que usted marco se encuentra temporalmente fuera de servicio. Incapaz de concentrarse, Raúl deja su escritorio y camina por entre los cubículos, pensando obsesivamente en lo que estará haciendo Eva. Durante la hora del almuerzo se la pasa marcando el teléfono una y otra vez; por el radio se entera de la falla general de los servicios de telefonía celular en gran parte de la ciudad, lo que no lo tranquiliza en absoluto; piensa que esta es la oportunidad para que Eva haga algo. El mismo se pregunta ¿Qué puede ella hacer? Teme responderse. Decide no regresar al trabajo; sale a la calle a enfrentar un viernes de quincena y una ciudad desqui...

LA CIUDAD EN LA ORILLA DEL MUNDO

El automóvil recorre las callejuelas de la ciudad a una velocidad aterradora. Leonardo conduce concentrado en el camino, sus manos sostienen firmemente el volante, su mirada nerviosa recorre todo el campo visual al frente, de rato en rato se quita el sudor de la frente.  No puede permitirse equivocar una vuelta en este torcido laberinto de casas y calles truncas, el tiempo apremia, no sabe si atrás de ellos vienen los perseguidores que intentaran cerrarle el paso, averiguarlo puede ser su perdición. Al manejar Leonardo tampoco deja de pensar en Sofía. A su lado Sofía va pensando en el guardián, regocijándose de la forma en la que se hicieron cargo de él. Ella caminando desde la esquina con ese paso sexy  tan natural e infalible. El polizonte viendola sin quitarle el ojo de encima. Sofía acercandose, mostrando el amplio escote de su blusa y la ausencia de sosten. Una sonrisa coqueta es suficiente para hacerlo perder la cabeza. Y Leonardo, que se acerca por la espalda...

LA MONEDA MAGICA

       Pablo abre la maleta con ansiedad, vacía su contenido sobre la cama. Afanosamente busca las píldoras; entre papeles, folletos y envolturas encuentra un sobre cerrado con su nombre. De inmediato recuerda la herencia de su abuelo: durante meses ha permanecido dentro de su equipaje, desde que viajo al sepelio. Deja el sobre a un lado y prosigue la búsqueda de las píldoras. El hotel Coliseo se eleva con sus cuatro pisos encima de los demás edificios en una calle céntrica de Salamanca. Su anuncio de neón por años ha estado apagado, en la parte inferior aún puede leerse con letras rojas “T.V. a color”. Por sus ventanas desnudas se pueden adivinar los cuartos vacíos: excepto uno. En la madrugada se enciende la luz de la esquina superior izquierda. Pablo, aún amodorrado,  se sienta a la orilla de la cama. Un dolor que inicio en la boca de su estomago agito su sueño, creciendo hasta hacer imposible el dormir. Una opresión en el pecho hace a Pablo ...